jueves, 9 de julio de 2015


Mindfulness; Atención Plena con una Uva Pasa.
Ser plenamente consciente de lo que está ocurriendo aquí y ahora.

Vivimos con una desconcentración inusitada. Decidimos ponernos a escribir cualquier cosa y de pronto el ordenador nos avisa de que tenemos tres correos nuevos en la bandeja. Además hemos recibido dos llamadas, tenemos varios mensajes, ya puestos he visto el periódico online a ver cómo va el mundo, ha pasado media hora y todavía no he escrito ni una línea.

La desconcentración es continua, un bombardeo que no cesa, y el único causante somos nosotros mismos. No estamos acostumbrados  a estar presentes en el momento presente. Nuestro cuerpo está, pero no nuestra mente. Nos hemos habituado a la distracción, a la atención parcial. Queremos estar tan conectados con todo que nos olvidamos de que lo primero con lo que tenemos que conectar es con nosotros mismos, y esto produce estrés, ansiedad, sensación de agobio, de llegar tarde a todas partes, de no tener tiempo para nada.

La atención es un músculo que debe ser entrenado.
Nuestro cerebro no es un elemento multitarea. Solo podemos concentrarnos en una sola cosa a la vez, y si no lo hacemos, si intentamos estar en varios lugares al mismo tiempo, no conseguiremos un resultado tan satisfactorio como aquellos que con igual o menor capacidad que nosotros sí son capaces de poner todo el foco de atención en la actividad concreta que están desarrollando.

Los estudios científicos han demostrado, algo que hace más de dos mil años ya sabían las tradiciones búdicas, es decir, que un estado de atención consciente ayuda no sólo a reducir el estrés o la ansiedad, sino también a ser más creativos, a poder juzgar y valorar las situaciones con mayor claridad, a aumentar la resistencia emocional y a disfrutar más de lo que se está haciendo, y como tantas otras capacidades del ser humano, la atención también se entrena. Además entrenar unos minutos diarios nos preparar para ampliar los límites de nuestra atención, minimizan los efectos de las distracciones, y nos permite disfrutar del momento.

Como puede ser nuestro gimnasio de Mindfulness?
Para nuestro gimnasio de Mindfulness necesitaremos reservar entre 5 y 20 minutos diarios para entrenar.

Primer ejercicio “La Pasa”

Este ejercicio es muy sencillo, se trata de tomar una pasa, una simple uva pasa puede aportarnos un montón de sensaciones, además de mantener nuestra atención consciente.

Primero se observa con detalle, nos centramos en darnos cuenta del amplio abanico de colores y tonalidades, de cómo incide la luz en sus pliegues, en su textura rugosa. En lo irregular de sus formas. Se trata de captar todo lo que se pueda ver.

Segundo, cerramos los ojos y tocamos la pasa, pero con mimo, con cariño. La hacemos bailar entre los dedos de las manos, para darnos cuenta de su tacto, de nuestro tacto, de cómo se mezcla su piel con la nuestra.

Tercero, nos ponemos la pasa en la boca sin morderla, sino que la acariciamos con los dientes primero, para luego notar que cae en nuestra lengua, acolchándola. Ahora exploramos con la lengua, de la misma manera que hemos hecho con los dedos. Lentamente, sin prisas, disfrutando de todo lo que una simple e insignificante uva pasa nos puede ofrecer.

Cuarto, la mordemos, y somos conscientes de una explosión magnífica que se produce en nuestros sentidos. Percibimos su sabor, cómo se funde y confunde con el nuestro, con la saliva, con el gusto. Tratamos de llenarnos toda la boca con esa mezcla, llegando a todos los rincones. Solamente entonces nos tragamos la pasa y notamos  cómo baja por la garganta, como abandona la boca y se integra en nuestro interior.

Ahora esperamos unos segundos y abrimos los ojos, celebrando que hemos disfrutado de una uva pasa, tal vez por primera vez en la vida, en lugar de engullirla.


Esto es lo que ocurre con el presente, que si lo engullimos con las prisas y la falta de atención, no dejamos que nos dé todo lo que tiene para ofrecernos.

lunes, 1 de junio de 2015

Breves reseñas sobre LEY DE CAUSA Y EFECTO - KARMA.

KARMA y su RESULTADO

Karma y su resultado significa que nuestras acciones crean las causas de los que llegaremos a ser; y lo que somos ahora es el resultado de las causas creadas previamente.

Karma significa “acción”, y se define como las acciones intencionadas de nuestro cuerpo, palabra y mente, es decir lo que hacemos, lo que decimos y lo que pensamos. Estas acciones dejan unas impresiones y tendencias en nuestro continuo mental. Cuando estas impresiones y tendencias se encuentran con las condiciones adecuadas, afectan a nuestra experiencia.

El hecho de que nuestras experiencias sean el resultado de nuestras acciones, no quiere decir que se haya establecido un sistema de castigo y recompensa. Cuando una flor crece de una semilla, no es ni la recompensa ni el castigo de la semilla. Es sencillamente un resultado.

De la misma forma en que Newton no creo la ley de la gravedad; sino que sencillamente describió su funcionamiento, el Buda no creó la ley de causa y efecto o karma, únicamente describió lo que había vista una vez eliminados todos los oscurecimientos (ignorancias) de su continuo mental. La gravedad no se debe  a la arbitrariedad de nadie, sino que es la forma en que los fenómenos se comportan naturalmente. De la misma manera, nadie inventó el principio por el cual si perjudicamos a otros en el presente, tendremos problemas en el futuro. Este es simplemente el resultado natural que surge de esa causa. Como nosotros creamos las causas, nosotros experimentamos los resultados.

La belleza de la capacidad humana consiste en que nosotros somos responsables de nuestra propia experiencia. Viviendo el presente creamos nuestro futuro. Una acción nuestra es causa de otra acción previa, y es el resultado de una acción anterior. Tenemos la capacidad de determinar quiénes seremos y lo que nos sucederá.

Cómo funciona el principio de causa y efecto

El principio de causa y efecto tiene cuatro características fundamentales:
1-    El karma definitivo; esto es que “las acciones positivas traerán con certeza resultados felices, y las acciones negativas traerán resultados no satisfactorios.
2-    El karma es expansivo;  una pequeña causa puede traer un gran resultado.
3-    Si no se crea la causa de una determinada acción, no se experimentará su resultado.
4-    Las impresiones que quedan en el continuo mental debido a nuestras acciones no se pierden nunca.

1)  Karma definitivo.

Las acciones no son intrínsecamente buenas o malas en sí mismas, pero se consideran positivas o negativas según sean origen de felicidad o sufrimiento.
Cuando obtenemos o experimentamos una situación por la que sufrimos, algunas personas además del sufrimiento experimentan otras emociones no demasiado satisfactorias, a algunos les invade la rabia o la ira, a otros la depresión. La psicología budista plantea métodos prácticos para liberarnos de estas situaciones emocionales, ya que en vez de depositar toda la responsabilidad en quién nos produce la acción, podemos pensar que es el resultado de algunas de nuestras acciones negativas previas, y de esta forma la ira o rabia o la depresión tendrá una intensidad inferior.

Aceptar que nuestros problemas se deben a nuestras propias acciones destructivas cometidas en el pasado, no significa que tengamos que permanecer pasivos frente a las situaciones perjudiciales. Si podemos hacer algo para prevenir o corregir una situación negativa determinada, ¡deberíamos hacerlo!. Sin embargo, si recordamos que esta desdicha se debe a nuestras propias acciones destructivas, no nos sentiremos enfadados o beligerantes hacia otros, ya que trataremos de remediar el problema.

2)  Karma expansivo.

Una pequeña acción puede acarrear un gran resultado. De igual forma que una gran cosecha proviene de unas pocas semillas, un gran resultado puede venir de una pequeña acción. Ayudar a alguien de un modo insignificante puede dar como resultado una gran felicidad, y dañar a alguien ligeramente puede traer como resultado años de tristeza y sufrimiento.

Las acciones aparentemente insignificantes son importantes en la vida. Buda dijo en el Dhammapada:

“Como veneno que ha entrado en el cuerpo
incluso los pequeños actos no meritorios
pueden causar una gran inquietud y ocasionar la
ruina en el mundo que está más allá.
Al alcanzar un gran propósito
Incluso los pequeños actos meritorios
Traen la felicidad en las vidas futuras,
Como semillas transformándose en grandes cosechas”.

3)  Si no se crea la causa, no se experimenta el resultado.

Esto es totalmente lógico, si no se planta una semilla no hay árbol o planta que pueda fructificar, por lo tanto si queremos disfrutar de felicidad y sentirnos satisfechos, debemos crear las causas para conseguirlo, si no sería como si rezáramos para saber matemáticas sin estudiarlas. Si no creamos las causas no experimentaremos el resultado. Ser conscientes de esto nos proporciona el entusiasmo para evitar dañar o otros seres, y actuar de un modo constructivo.

4) Las semillas de nuestras acciones no se pierden.

A veces con respecto a determinadas acciones podemos pensar: “No importa, nadie se ha dado cuenta, nadie lo sabe, no sucederá nada”. En realidad, esto no es del todo cierto, porque las impresiones pueden permanecer en nuestro continuo mental un largo periodo de tiempo antes de que las circunstancias se vuelvan propicias y aparezcan los resultados.  Como Buda dijo en el Dhammapada:

“Una vez ejecutada cualquier acción,
ya fuera buena o mala,
su poder nunca se pierde;
El resultado surge en consecuencia”.

Indudablemente no experimentamos necesariamente los resultados de nuestras acciones de una forma inmediata. Sería un error pensar que los resultados de nuestras acciones siempre se producen de un modo inmediato y después cesan. De igual forma que una semilla tarda un tiempo en crecer y convertirse en una planta, nuestras impresiones kármicas tardan en producir sus resultados.

Por supuesto que lo mismo sucede con las acciones positivas. Es posible que no percibamos a corto plazo buenos resultados, pero cuando se den las condiciones favorables que hagan madurar esas impresiones positivas podremos experimentarlos.  Por todo ello tendríamos que estar satisfechos de crear causas positivas y saber que madurarán en el futuro. Sentirse impaciente por el resultado que tiene que venir no hace que llegue antes.



KARMA Y PREDETERMINACIÓN.

El funcionamiento del principio de causa y efecto no está predeterminado. No es el destino. Si estamos atentos y somos conscientes de nuestras acciones, podemos elegir. Si somos negligentes y hacemos, decimos y pensamos cualquier cosa que se nos ocurra, entonces no estaremos utilizando nuestra capacidad de elección; no estaremos aprovechando nuestra capacidad innata como humanos.

La ley natural, universal del karma no es tampoco una excusa para evitar ayudar a los demás. Cuando somos testigos de las desgracias que padecen otros, podemos llegar a pensar o incluso a decir de forma hasta irrespetuosa: “Oh, ese es su karma, y si le ayudo estaré interfiriendo en su proceso”.

Cuando somos conscientes de los problemas de los demás, debemos ayudar porque si no lo hiciéramos, estaríamos creando las causas de un mal karma por omisión de una acción. De acuerdo con el pensamiento budista, tenemos la responsabilidad moral y social de ayudar a los demás. No somos individuos independientes y aislados, sino que estamos interrelacionados y, a pesar de diferencias superficiales, somos muy parecidos.

PURIFICAR Y/O ALIVIAR EL KARMA.

Es cierto que todos nosotros hemos cometido errores de los que ahora podemos arrepentirnos. Sin embargo, no estamos irremediablemente condenados a experimentar los resultados de esas acciones con su total intensidad. Si plantamos una semilla en la tierra, finalmente crecerá a menos que sea quemada o arrancada, pero también podemos retrasar su crecimiento privándola de agua, de fertilizantes y de luz solar. De igual forma podemos bajar la intensidad de nuestro karma poniendo en práctica el proceso de purificación, y que consta de cuatro estadios.

Dentro del budismo tibetano existen los denominados “Cuatro Poderes Oponentes”, que se utilizan para purificar las impresiones negativas:

1-    Arrepentimiento
2-    Refugio y generación de una actitud altruista hacia los demás
3-    Remedio concreto y práctico
4-    Determinación de no volver a cometer dicha acción

1 Arrepentimiento significa que reconocemos y nos arrepentimos de la acción destructiva realizada. Recriminarse a uno mismo y sentir culpa son dos actos inútiles; son simplemente una forma emocional de torturarnos. Con un arrepentimiento sincero, por el contrario, reconocemos que hemos cometido un error y nos arrepentimos de haberlo realizado.

2 Refugio y generación de una actitud altruista hacia los demás, implica la confianza en que nuestros refugios, aquello en lo que confiamos y le tenemos devoción nos sirva de guía. Además desarrollamos una actitud altruista hacia los demás, y dedicamos nuestras intenciones de cuerpo, palabra y mente, a convertirnos en Budas (seres despiertos), para ser capaces de beneficiar a los demás de la mejor manera posible.

3 Remedio concreto y práctico, consiste en realizar alguna acción de remedio, es decir, cualquier acción positiva que beneficie a otros. Los textos budistas apuntan algunas acciones específicas que ayudan a purificar las impresiones negativas, como por ejemplo: escuchar enseñanzas, leer libros de darma, hacer ofrecimientos en los altares, recitar mantras, imprimir textos de darma, meditar, etc, aunque el remedio más poderoso consiste en meditar en la vacuidad.

4  Determinación de no volver a cometer dicha acción, significa comprometerse a no volver a cometer de nuevo la acción realizada. Con frecuencia y por hábito contraído nos dejamos llevar por acciones tales como la crítica hacia otros, el chismorreo, etc. Sería poco realista decir que no lo volveremos a hacer jamás. Por eso, es más inteligente determinar por un periodo de tiempo en el que intentaremos no repetir la acción en absoluto, mediante el esfuerzo de la atención continua sobre ese punto.

 Existen 4 grupos principales de karma que operan en nuestras vidas.

1 Karma Reproductor, es la fuerza de aquellas acciones que hacemos, que tienen el poder de determinar el renacimiento. Un tipo de acciones que determinan si renacemos en el mundo de los humanos o en mundos inferiores o superiores.

2 Karma Cooperante, se refiere a las acciones que cooperan con el karma reproductor, por ejemplo supongamos que tenemos un buen karma reproductor y renacemos en el mundo de los humanos. Es un buen renacimiento, un plano de existencia feliz. El karma cooperante se compone de aquellos actos que hacen que nuestra experiencia como humanos sea agradable. Refuerza el karma reproductor y es causa de toda clase de satisfacciones.

3 Karma que contrarresta, obstruye el karma reproductor. Supongamos que tenemos el buen karma de un renacimiento como ser humano, pero que experimentamos muchos problemas, mucho dolor, mucho sufrimiento. Ese es el efecto del karma que contrarresta. El renacimiento es bueno, el karma necesario para renacer como un ser humano era positivo, pero si hay un karma que contrarresta muy pesado creará situaciones desagradables. También funciona en sentido inverso. Supongamos que un ser renace como animal, eso es un mal karma reproductor, es un renacimiento inferior. El karma que contrarresta puede hacer que la existencia como animal sea muy agradable, como lo experimentan muchos animales de compañía. Esos animales viven con más comodidades que mucha gente en el mundo. Ese fuerte karma contrarresta al karma del mal renacimiento, luego funciona en los dos sentidos.

4 Karma destructivo detiene el fluir de otras fuerzas. Supongamos que disparamos una flecha al aire, la flecha tiene un cierto impulso y, si no se la detiene continuará hasta caer en algún lugar lejano. El karma destructivo sería como una poderosa fuerza que detiene la flecha en el aire y la hace caer al suelo. Hay seres que experimentan una muerte temprana. Su karma reproductor y karma cooperante han sido excelentes, pero de algún modo, por alguna acción pasada, un karma destructivo fuerte acaba con el vuelo de la flecha, detiene el fluir de otras fuerzas kármicas.

Existe una historia de un hombre en tiempos de Buda, que ilustra algunos aspectos de cómo funciona el karma. Este hombre le hizo un ofrecimiento de comida a un arhat, un ser plenamente iluminado. Después de haberlo hecho se empezó a arrepentir de su acción. Se dice que renació como ser humano millonario durante siete vidas, gracias al ofrecimiento que había realizado. Pero el resultado de haberse sentido arrepentido, generó un karma destructivo muy poderoso que hizo que viviera con mucha riqueza, pero muy miserablemente, incapaz de disfrutar del fruto de su riqueza. Los diferentes tipos de karma producen diferentes tipos de resultados, dependiendo de nuestros estados mentales cambiantes.

Es importante entender el karma reproductor, porque determina el plano de existencia en el que tomaremos nuestro renacimiento. Es el karma que opera en el último momento de nuestra vida.

Existen 4 grupos principales de karma que operan en el momento de la muerte.

En el momento de nuestra muerte, llamado consciencia de la muerte, hay cuatro tipos de karma de renacimiento que pueden aparecer.

1 Karma de peso, éste tipo de karma tiene dos direcciones posible; karma de peso nocivo, y karma de peso benéfico.

El karma de peso nocivo es producir daño a un Buda, un ser despierto, herirlo, matarlo. También corresponde al karma nocivo el matar al padre o a la madre, o crear división en la orden de monjes o monjas. Cualquiera de éstos tiene prioridad sobre las demás acciones a la hora de determinar el renacimiento.

El karma de peso benéfico es haber cultivado la concentración hasta alcanzar el nivel de absorción y mantenerlo hasta el momento de la muerte. El resultado de ese karma es renacer en los mundos superiores de conciencia.

2 Karma cercano es el karma que entra en funcionamiento cuando no hay actos de peso que produzcan un efecto. Es decir el karma de las acciones que se realizan inmediatamente antes de morir. En otras palabras, si en los momentos de la muerte recuerdas algo bueno que hiciste, o alguien te recuerda actos beneficiosos, o si realizas una buena acción en el momento próximo a la muerte, ese será el karma que influya en el renacimiento.

3 Karma habitual es el que se manifiesta cuando no se produce el karma cercano. Las acciones que han sido realizadas repetidamente en nuestra vida, aparecen en la mente en el momento de la muerte. Si alguien ha matado muchas veces, ese tipo de pensamiento surgirá en el momento de la muerte como resultado de ser un karma habitual. O por supuesto, si alguien ha realizado muchas acciones beneficiosas, ha desarrollado la generosidad y la compasión, o ha meditado mucho, recordará uno de esos actos o puede que vea una imagen de si mismo en su cojín de meditación. Entonces ese será el karma que influirá en su próximo renacimiento.

Cuando no hay karma de peso, ni karma cercano, ni un karma habitual fuerte, el cuarto tipo de karma que puede determinar o influir en el renacimiento se llama karma aleatorio.

4 Karma aleatorio. Como arrastramos tantos karmas benéficos y nocivos , y si no disponemos de un karma habitual fuerte, entonces cualquier acto que hayamos realizado en cualquier tiempo del pasado puede manifestarse en el momento de morir.

Un ejemplo del funcionamiento de estos tipos de karma sería el de un rebaño de vacas que viven sueltas en el establo. Cuando se les abre la puerta por la mañana, el primero en salir será el toro más fuerte, apartando a los demás. Si no existe un toro, entonces el siguiente en salir será la vaca que esté más cerca de la puerta, pero si no hay ninguna vaca cerca de la puerta, entonces saldrá la vaca que suele el habito de conducir a las demás, y si no existe la vaca que tiene el hábito de conducir a las demás, entonces cualquiera del rebaño puede ser la primera en salir. Así es como funciona el karma en el último momento de nuestra vida, el de peso, el cercano, el habitual y el aleatorio.

En la tradición budista hay un factor que nos mantiene en la dirección de la luz, hacia formas cada vez más elevadas de felicidad; es la atención consciente. El resultado de la atención es un karma de peso. La atención también será el resultado de un buen karma cercano, ya que si estamos muy conscientes, justo en el momento de la muerte, la mente estará equilibrada y libre de impurezas. La atención consciente también es un karma habitual fuerte. Si se practica cada día y se incorpora fuertemente en nuestros hábitos, surgirá en el momento de la muerte como un karma habitual. Por lo tanto el tipo de consciencia, el tipo de mente que cultivamos ahora, será una fuerza muy poderosa, un factor determinante del tipo de karma que opere en el momento de nuestra mente.

El último de los karmas es el Karma Familiar o Colectivo. Por ejemplo, cualquier decisión que se adopte con respecto a algo de forma colectiva, crea un determinado karma colectivo. Compartimos el karma de los demás si aprobamos sus acciones, si las sustentamos con nuestro voto, si aprobamos mentalmente incluso, lo que haga otro, se genera una determinada fuerza kármica. 

10 ACCIONES CONSTRUCTIVAS Y 10 DESTRUCTIVAS

Con respecto al resultado de nuestras acciones, es imprescindible conocer las diez acciones constructivas para practicarlas, y las diez acciones destructivas para abandonarlas. Vasubhandu, monje budista y filósofo escolástico del siglo IV decía, “Las diez acciones destructivas se pueden dividir en 3 del cuerpo, 4 de la palabra y 3 de la mente, cualquier acción realizada, sea la que sea, sale por una de estas puertas”.

- Las acciones negativas del cuerpo reúnen 3 elementos, (matar, robar y disponer de una conducta sexual en la que se infrinja sufrimiento a otra persona).

1 Matar, conlleva 4 condicionantes:

                      1 El objeto de matar (puede ser cualquier ser sintiente)

                      2 La intención, con tres ingredientes:

a)  Motivación, tomar la vida de otro ser.

b) Discernimiento, identificar claramente el objeto que se quiere matar.

c) Engaño mental, significa que la intención debe estar vinculada a un engaño mental como el odio, la ignorancia, el apego, etc.

3 Acción, significa que da lo mismo si eres tu quién ejecuta, o si lo ordenas a otro para que sea ejecutado.

      4 Consumación del acto, ocurre si la victima muere antes que            tú.

El efecto o la acción de matar, si conlleva las cuatro condiciones, sería renacer en un infierno. Si la acción de matar careciera de alguna de las cuatro condiciones, el renacimiento sería en el reino de los espíritus hambrientos. Si únicamente se cumpliera una de las condiciones, el renacimiento sería en el reino animal.

2 Robar, con 4 componentes:

1 El objeto en sí, (desear obtener el objeto de otro)

2 Intención, con tres ingredientes:

a) Desear obtener el objeto en cuestión.

b)  Discernimiento. Identificar el objeto como perteneciente a la persona a quién pretendes robar.

c) Engaño mental, significa que la intención debe estar vinculada a un engaño mental como el odio, la ignorancia o el apego.

3 Acción, significa que da lo mismo si eres tu quién ejecuta, o si lo ordenas a otro para que sea ejecutado.

4 Consumación. Sentir que el objeto te pertenece.

3 Disponer de una conducta sexual que sea causa de sufrimiento para otro.

De igual forma que en las anteriores, se tienen que manifestar las 4 condiciones de: el intercambio sexual, la intención (motivación, discernimiento y engaño), la acción propia que es el intercambio sexual y la consumación, que es cuando se experimenta la satisfacción causada por el acto sexual.

- Las acciones negativas de la palabra (4).
1 Mentir
2 Calumniar
3 Utilizar palabras duras
4 Mantener conversaciones vanales.

- Las acciones negativas de la mente (3).
Este tipo de acciones no tienen por qué ser percibidas por los demás.
1 Codicia.
2 Intención dañina.
3 Visión errónea de la realidad.

En cualquier acto negativo completo, surgen tres tipos de efecto:
            El efecto que madura.
            El efecto similar a la causa.
            El efecto ambiental.

El efecto que madura de un acto negativo muy grave, es renacer en un infierno, de uno menos negativo sería renacer como espíritu hambriento, y si es mucho menor, renacer como animal.

El efecto similar a la causa, puede dividirse en dos:
            Tendencia similar a la causa.
            Experiencia similar a la causa.

El efecto ambiental sería, por ejemplo, renacer en un lugar muy pobre donde la comida no es nutritiva y la medicina carece de efectividad.  

Las 10 acciones constructivas corresponden a las contrarias con respecto a las citadas anteriormente como destructivas. 



Breves reseñas sobre la CONTINUIDAD DE LA MENTE y LEY DE CAUSA Y EFECTO - KARMA

Muchas veces nos hemos expresado con respecto al karma, de una forma un tanto superflua y ligera, "eso es tu karma", "si le ocurrió aquello es cosa de su karma". Este y otros han sido las circunstancias que me han llevado a redactar estas breves reseñas sobre nuestro continuo mental, "cualquier acción producida esta precedida por otra anterior, y será la causa de otra posterior", y algunas anotaciones respecto a la ley universal de causa y efecto - karma, que he ido recogiendo a través de los años de la lectura de textos budistas y de las charlas con mis maestros Lamas Tibetanos.

Es mi deseo que sirvan para la reflexión y que aporten información para darnos cuenta de lo complejas que son estas instrucciones.

LA CONTINUIDAD DE LA MENTE

La mente se puede comparar a un vasto océano y las percepciones, pensamientos y emociones, a las olas que surgen y rompen en su superficie. Esta analogía nos ayuda a comprender las experiencias que nos ocurren en la meditación y en nuestras actividades de cada día; pero para conseguir una experiencia de adonde va la mente y de donde viene, nos será de ayuda el pensar en ella como en un río  que fluye con el tiempo. Cada momento de la mente conduce inevitablemente al siguiente. La mente fluye desde el principio ininterrumpidamente, día y noche, como una corriente de innumerables experiencias momentáneas en continuo cambio. Los pensamientos y las sensaciones aparecen y desaparecen rápidamente, pero dejan impresiones que transporta la corriente mental.

Ciertas corrientes de pensamiento explican que la mente no tiene principio ni fin, es como una energía eterna; a diferencia del cuerpo, que es concebido, nace, muere y se desintegra.

Todo lo que hacemos y pensamos tiene su origen en un momento anterior, y a su vez determina nuestras experiencias futuras. Solo depende de nosotros el poder ser lo que queramos si canalizamos nuestra energía en esa dirección. Para conseguirlo, necesitamos comprender la mente y aprender a utilizarla con habilidad.

Tenemos que entender que la mente es impermanente, transitoria y cambiante momento a momento. Por tanto es un efecto, un resultado, el producto de una causa. Siendo una serie de momentos siempre cambiantes, cada uno de los cuales es el necesario resultado de un momento previo.

Hay quien mantiene que la mente es el cerebro, pero tal como la definimos nosotros, la mente son las experiencias mismas. La mente depende del cerebro y del sistema nervioso, pero no puede ser el cerebro.

Tampoco puede provenir de la mente de otros, como la de nuestros padres.
Para concluir, lo importante de esta reflexión es entender que cualquier cosa que realizamos, que pensamos y que sentimos, tiene su origen en un momento anterior, pero además cualquier cosa que hagamos de cuerpo, palabra o mente, también tendrá un resultado o será causa de un momento posterior, por lo tanto observar esto y experimentarlo nos aportará el entendimiento de lo importante de nuestras acciones de cuerpo, palabra y mente, dado que de ellas dependerá nuestras futuras acciones, pensamientos, emociones, etc.

Práctica de meditacion:

Atendemos a la postura y a la respiración. Prestamos atención a una motivación beneficiosa para realizar esta meditación. Durante un tiempo mantenemos la atención en la respiración hasta que la mente se vuelve más calmada y clara.

Primero observa tu estado mental presente, los pensamientos y sensaciones que en la mente se suceden. Obsérvalos desapasionadamente, sin apegarte o rechazar ninguno de ellos.

Ahora empieza a viajar hacia atrás en el tiempo. Repasa brevemente las experiencias conscientes que has tenido desde que te has despertado esta mañana, ¿forman parte del mismo continuo de conciencia que las experiencias presentes?. Antes  de despertarte es posible que estuvieras soñando, ¿puedes recordar los sueños que tuviste la noche pasada?. ¿Pertenece también a la misma corriente mental?

Continua con tus experiencias mentales de ayer, ………de hace dos días, ……… de la semana pasada, ……….del mes pasado,………….del año pasado; de dos años,…….de cinco años, ………….. de diez años. Continúa investigando si esas experiencias están de alguna forma ligadas, unidas, al mismo continuo mental de ahora.

Evita involucrarte  en los recuerdos. El propósito de esta meditación no es revivir buenos tiempos o resolver problemas del pasado, sino conseguir una experiencia de la continuidad de la mente. Si encuentras algo en tu memoria que te gustaría investigar con más detalle, déjalo para más adelante.

Retrocede en tu vida tan lejos como sea posible, recuerda las experiencias de tu adolescencia, ………..de tu niñez. Relájate y abre tu mente para permitir que surjan estos recuerdos.

Tras llegar tan atrás como puedas, trae suavemente tu conciencia al presente y observa los pensamientos y sentimientos que aparecen. Experimenta simplemente cómo continúa fluyendo la corriente de tu conciencia; siente su momentaneidad: un pensamiento o sentimiento que deja paso al siguiente, que conduce al siguiente, y al siguiente y así sucesivamente.

Por último, trata de tener alguna idea de a dónde se dirige desde aquí. 

Contempla tu corriente mental fluyendo el resto del día, mañana, los días siguientes, las semanas, los años……hasta la muerte. ¿Qué ocurre entonces?.

 Considera las distintas posibilidades: ¿cesa repentinamente la existencia de la corriente de conciencia?, ¿se transforma en algo diferente?. Aunque puede que no llegues a una conclusión definitiva, lo más importante es observar con una mente clara.





















viernes, 3 de abril de 2015

Amor y Apego:

   Primero se debe identificar lo que es el apego y después dejarlo ir. Es entonces cuando comprendes el desapego. Creer firmemente que no hay que tener apego no es del todo correcto. No se trata de tomar una posición en contra del apego, como si hubiera un mandamiento que lo prohibiera; la cuestión es observarlo. Nos preguntamos:"¿Qué es el apego?, ¿Trae felicidad estar apegado a las cosas, o trae sufrimiento?". De este modo llegamos a comprender lo que es el apego y después podemos soltarlo.
   
   Si debido a tus nobles pensamientos consideras que no se debe estar apegado a nada, tendras ideas como estas: "Yo no puedo aceptar el desapego porque quiero a mi mujer y estoy apegado a ella. La quiero y no puedo dejar que se marche. No puedo decirle que se vaya". Este tipo de pensamientos surgen de la visión de que no se debe estar apegado.

   Reconocer el apego no quiere decir que tengas que dejar a tu mujer. Significa que te liberas de tus visiones erróneas sobre ti mismo y sobre tu mujer. Entonces descubres que ahí hay amor, pero sin apego, sin distorsión, sin aferramiento. La mente vacía es muy capaz de ocuparse de los demás y de amarlos en el sentido puro del amor. Pero cualquier apego distorsionará ese amor. 

   Cuando te aferras a la persona que amas todo se complica, ya que lo que tú amas te causa dolor. Por ejemplo, si te apegas a tus hijos no los estas queriendo de verdad, porque cuando hay apego ya no estás con ellos tal como ellos son. Proyectamos toda clase de cosas para ellos: lo que tienen que ser y lo que queremos que lleguen a ser. Queremos que nos obedezcan, queremos que sean buenos y que aprueben los exámenes. Con esta actitud no los estamos amando realmente, porque si ellos no consiguen satisfacer nuestros deseos nos sentiremos frustrados y nos enfadaremos con ellos. Así pues, el apego a los hijos nos impide amarlos, pero en cuanto soltamos el apego, descubrimos que el amor es nuestro modo natural de relacionarnos. Comprendemos que somos capaces de dejar que nuestros hijos sean tal como son, en lugar de tener  ideas fijas sobre lo que nosotros queremos que sean.

   Muchas veces los padres contamos los muchos sufrimientos que conlleva tener niños. Esto se debe a que hay un montón de anhelos. Cuando nos empeñamos en que sena de un modo determinado y nos negamos a que sean de otro modo, estamos generando angustia y sufrimiento en nuestras mentes. Pero cuanto más nos liberamos de esto, más descubrimos una asombrosa habilidad para ser conscientes y sensibles a la manera de ser de los niños. Esa apertura permitirá que los niños respondan, en lugar de reaccionar al apego de los padres. Hay muchos niños que lo único que hacen es reaccionar a estas palabras: "Quiero que seas así".

   La mente vacía - la mente pura - no es un espacio en blanco donde no sientes ni te preocupa nada. Es una refulgencia de la mente. Es un resplandor que acepta y que es verdaderamente sensible. Es la habilidad de aceptar la vida tal como es. Cuando aceptamos la vida como es, podemos responder adecuadamente al modo en que la experimentamos en lugar de reaccionar impulsados por el miedo y la aversión.

"Reflexiones en el camino de la meditación". Ajahn Sumedho, 1998






jueves, 26 de marzo de 2015


El Intensivo de Meditación esta orientado a la instrucción teórico-práctica de las técnicas milenarias utilizadas en las tradiciones budistas, para alcanzar un estado de relajación y calma mental, de tal forma que una vez alcanzados estos estados seamos capaces de observar y descubrir el origen real de ellos, y que muchas veces nos llevan o nos arrastran a determinados sucesos de estress, ansiedad, depresión, etc.
Es por esto que mediante la aplicación de estas técnicas de instrospección interior, utilizando como único vehículo las prácticas meditativas, podamos llegar a contemplar y conocer un poco más nuestra mente y nuestros procesos mentales, único recipiente en el que se encuentra esa gran joya que es la felicidad auténtica y duradera.
Observar nuestras emociones, descubrir lo engañosas que son, como nos dominan y determinan nuestra vida. Experimentar sobre si la forma en la que percibimos las cosas, es la forma en la que verdaderamente existen.
Por todo ello, si aprendemos a apartarnos de las falsas ideas preconcebidas, que nos conducen al apego, al enfado, al orgullo, a la envidia, y a otros estados emocionales similares, así como a estados de estrechez mental, conseguiremos relacionarnos con las demás personas y con nuestras propias posesiones de un modo mucho más equilibrado.

viernes, 30 de enero de 2015

Meditar es bueno para el cerebro

A menudo no somos conscientes del placer de estar sentados sin hacer nada, dejando vagar la mente en el aquí y el ahora, sea en la playa, dejándonos llevar por el sonido de las olas; en el monte, al lado de un arroyo, o simplemente en casa. No sólo es una experiencia relajante, que nos ayuda a equilibrar nuestros pensamientos tras una jornada de trabajo y a reencontrarnos; si además prestamos atención a nuestros pensamientos, a algún objeto externo o a nuestra consciencia, estaremos meditando. Etimológicamente, meditación proviene del latín meditatio, que definía un tipo de ejercicio intelectual. La usamos para describir la práctica de un estado de atención concentrada, sea sobre un objeto externo, nuestro pensamiento, o simplemente sobre el propio estado de concentración.


Desde la década de 1960, y muy especialmente desde que en 1968 los Beatles fueron a India para asistir a un curso de meditación trascendental en el ashram del Maharishi Mahesh Yogi, el gurú fundador del movimiento Meditación Trascendental, muchas técnicas tradicionales orientales de concentración y relajación han ido ganado adeptos en Occidente, como el yoga, el tai-chi.... Se les atribuyen diversos beneficios, pero las evidencias científicas han sido siempre muy escasas, más allá del simple efecto de relajación que producen el silencio y la tranquilidad. Sin embargo, desde el 2009, un número creciente de trabajos experimentales han examinado los efectos de la meditación sobre la función, la conectividad e incluso la morfología en distintas zonas del cerebro.



Se ha visto, por ejemplo, que favorece el control emocional, tanto a nivel funcional como también estructural del cerebro. Con ello no queremos decir que todos los beneficios que en algún momento se hayan podido atribuir a estas técnicas de meditación sean científicamente ciertos (sobre todo aquellos con tintes a veces casi milagrosos o sobrenaturales), ni tampoco las explicaciones pseudocientíficas sobre el motivo de estos beneficios –como la existencia de energías místicas que solo pueden percibir unos pocos iniciados con algún tipo de don especial–. Sin embargo, actualmente hay pocas dudas sobre su influencia en ciertos aspectos de nuestro comportamiento, a través de funciones cerebrales. El concepto gira en torno a la idea de que meditar con el cerebro, es un beneficio para el cerebro mismo.



Taichi: plasticidad cerebral, atención sensorial y motora 
Este es uno de los trabajos más recientes. A principios del 2014, Xi-Nian Zuo, director del laboratorio de conectómica funcional de la Universidad de Pekín y miembro de la academia de Ciencia de China, y su equipo de colaboradores, se preguntaron hasta que punto la práctica del taichi modifica la organización funcional del cerebro. La conectómica, por cierto, es la disciplina científica que estudia cómo se establecen y se mantienen las conexiones neurales.



El taichi, más propiamente dicho taichichuan –una expresión que se puede traducir como “puño supremo último”–, es un arte marcial interno de origen chino para la lucha cuerpo a cuerpo, aunque actualmente se usa sobre todo como una técnica de meditación en movimiento. Se basa en la realización de una serie de movimientos lentos encadenados, durante los cuales la respiración pausada y el equilibrio en los movimientos se mantienen bajo control consciente, lo que permite favorecer la relajación y la autoconciencia. Los datos históricos sobre su origen son muy contradictorios, y a pesar de que los documentos más antiguos están fechados en el siglo XV, hay quien dice que podría ser anterior. Los primeros estudios científicos sobre los supuestos efectos beneficiosos de su práctica se iniciaron en los noventa, e indicaron que mejora la presión arterial en las personas con hipertensión, favorece la rehabilitación cardiaca en las que han sufrido un infarto y hace disminuir los síntomas de depresión. Unos efectos que, sin embargo y sin menoscabar su importancia, se pueden explicar por los simples beneficios psicológicos de la relajación. En este trabajo que comentamos más extensamente se hizo un seguimiento de la actividad neural de practicantes de taichi con un sistema de resonancia magnética funcional no invasiva, que permite examinar la arquitectura funcional del cerebro con una alta resolución espacial.



Se examinó un grupo de voluntarios de entre 50 y 55 años, que reunían unas mismas características culturales, educativas y de estado general de salud. La mitad eran practicantes de taichi, y el resto no lo habían practicado nunca ni tampoco hacían uso de ninguna otra técnica específica de relajación ni entrenamiento del equilibrio. Al comparar la actividad neural de ambos grupos, se observó que los practicantes del taichi presentaban más homogeneidad funcional en una región del cerebro denominada giro poscentral derecho, que se correlaciona con una integración superior de las áreas sensoriales y motoras, y contrariamente una homogeneidad funcional más baja en otra área denominada corteza cingulada anterior, que se correlaciona con la optimización funcional de las áreas de control de la atención.



Dicho de otro modo, y según concluyen los autores de este trabajo, la práctica regular del taichi parece actuar sobre la plasticidad del cerebro de forma que puede mejorar la capacidad de mantener la atención y favorece la integración sensorial y motora, optimizando el funcionamiento de ciertas áreas del cerebro. Sin embargo, los mismos investigadores no descartan que estas diferencias cerebrales puedan ser anteriores a la práctica del taichi, de manera que sean el motivo, o uno de los motivos, que lleven determinadas personas a querer practicar este arte marcial, y no una consecuencia de practicarlo. Para dilucidar este punto sería necesario repetir el estudio con nuevos voluntarios, para examinar su cerebro antes de que comenzaran a practicar taichi y comparar los resultados con nuevos escáneres realizados unos años más tarde. Una búsqueda en la literatura científica nos ofrece más de 200 experimentos clínicos –también llamados “ensayos clínicos”– sobre la utilidad del taichi en aspectos tan diversos como pérdida de equilibrio en la vejez, colesterol, artritis, síndrome de abstinencia, hipertensión, hiperglicemia, depresión, fibromialgia, osteopenia post-menopáusica, problemas cognitivos, patología respiratoria, dolor lumbar, traumatismo craneoencefálico, accidentes cerebrovasculares, enfermedad cardiovascular, insomnio, falta de respuesta inmunológica, o enfermedad de Parkinson. En la mayoría de los casos se trata de estudios no aleatorizados o sin un buen grupo de comparación, lo que hace que sus resultados no sean del todo generalizables.



Yoga y meditación trascendental 
También en el 2014, un grupo de científicos de la sección siberiana de la Academia de Ciencias Rusa analizaron si la práctica del yoga puede afectar de forma permanente la función emocional. El yoga es una disciplina física y mental que tradicionalmente se ha asociado con prácticas de meditación en diversas religiones orientales, como el hinduismo, el budismo y el jainismo. Etimológicamente, la palabra yoga proviene del sánscrito ioga, que a su vez procede del verbo iush, que significa “colocar el yugo (a dos bueyes, para unirlos), concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar y otorgar”. Es la misma raíz de los términos castellanos yugo y conyugal. Su origen histórico es incierto. Según la mitología hindú, es eterno y siempre existió. Históricamente hablando, en 1931 el arqueólogo británico sir John Marshall descubrió en las ruinas de Mohenjo-Daro (Pakistán) un sello con figuras del siglo XVII a.C. en el que se ve una supuesta criatura antropomorfa con cuernos en una posición sentada con las piernas cruzadas que recuerda una postura típica del yoga, lo que podría indicar que esta disciplina física y mental tiene más de 35 cinco siglos de antigüedad.



Sea como fuere, hace tiempo que se sabe que el yoga puede ser una buena terapia antiestrés y es útil como coadyuvante en determinadas enfermedades psicosomáticas, lo que significa que contribuye a superarlas sin ser la causa directa y única de su curación. En este trabajo se monitorizó la actividad cerebral de practicantes de yoga y se comparó con la de personas ajenas a esta técnica, lo que permitió observar si había cambios permanentes en la función emocional. Además, a largo plazo también parece incrementar el control consciente, a través de la actividad de las denominadas corteza frontal y prefrontal sobre las respuestas automáticas de la amígdala, que es la zona del cerebro encargada de las respuestas emocionales.



Estos son sólo dos trabajos científicos, pero hay más. Algunos han sugerido que la meditación también incrementa la capacidad atencional y la flexibilidad cognitiva, es decir la capacidad para cambiar de pensamiento sobre dos conceptos distintos y de pensar en múltiples conceptos a la vez. Así, los meditadores expertos se ven menos afectados por los estímulos que tienen cargas emocionales negativas que quienes no practican ningún tipo de meditación.



También se han encontrado diferencias en los mecanismos de control emocional entre los meditadores expertos y los principiantes. Mientras que en los primeros la meditación actúa sobre la denominada corteza cingulada media y posterior, en los principiantes lo hace sobre la amígdala. La diferencia puede ser importante, puesto que la corteza cingulada está implicada en la anticipación de recompensas, la toma de decisiones, la empatía y el control emocional, mientras que la amígdala es la zona del cerebro donde se gestan las emociones de forma preconsciente. Según los autores de este trabajo, esta diferencia implica que los expertos alcanzan la estabilidad emocional a través de la aceptación de su estado emocional, mientras que los principiantes reprimen directamente los estados emocionales negativos. La psicología clínica moderna incorpora algunos aspectos de la meditación y el yoga en sus llamadas “terapias de tercera generación”, más en concreto en la terapia conocida como mindfulness. De nuevo, aunque hay un cierto acuerdo entre expertos sobre la utilidad de esta técnica en el control de la ansiedad y en la depresión leve-moderada, faltan estudios bien diseñados para llegar a conclusiones sobre su utilidad en la mayoría de trastornos mentales.



En un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Harvard en el que se examinó el cerebro de 20 personas que practicaban la meditación budista y se comparó con otros individuos, se vio que los que la hacían regularmente tenían un mayor volumen de tejido cerebral en determinadas zonas de la ya mencionada corteza prefrontal y en la ínsula, una estructura relacionada con la empatía. En esa línea, la meditación no sólo parece actuar a nivel del control emocional, es decir, sobre aspectos funcionales del cerebro, sino también anatómicos, como en la ínsula recién citada. Así, por ejemplo, se ha demostrado que la meditación también incrementa la cantidad de materia blanca del cerebro en algunas de las principales rutas neurales que conectan las áreas asociativas y receptivas con las motoras y premotoras, y las que conectan el hipocampo y la amígdala.



En la misma dirección, hace pocos meses un trabajo realizado por científicos de las universidades de Oregón, Texas y California permitió descubrir un mecanismo molecular que explicaría este aumento de sustancia blanca en los meditadores expertos. La meditación incrementaría el ritmo de las denominadas ondas zeta del cerebro, que normalmente están asociadas con las primeras etapas del sueño y reflejan estados emocionales positivos y de atención hacia los propios pensamientos y el propio cuerpo, lo que activaría la función de una enzima cerebral denominada calpaina implicada en la memoria y el aprendizaje. Esta enzima también actúa sobre la plasticidad neural –a su vez ligada a la memoria y el aprendizaje–, y además activa las denominadas células de la glía, que desempeñan una función de soporte de las neuronas. En conjunto, todo esto favorecería un incremento de la conectividad neuronal.



Los efectos de la meditación 
Según investigadores de la Universidad de California, los meditadores expertos muestran una mayor actividad de la enzima telomerasa, encargada del mantenimiento de los extremos de los cromosomas –los denominados telómeros–, lo que redunda en un retraso del envejecimiento celular. De forma contraria, se ha visto que el estrés crónico reduce la actividad de esta enzima.



Meditación y estrés 
Hoy sabemos que el cerebro resulta crítico para la regulación del estrés, y que éste puede modificar el funcionamiento y la estructura del mismo. En tanto que el cerebro es capaz de determinar qué tipo de estímulos han de producir una respuesta de estrés en el organismo, se convierte en el órgano clave para que una respuesta de estrés sea adaptativa o desadaptativa para la persona. ¿Cómo responde el cerebro ante el estrés? Hoy sabemos que delante de una situación de estrés crónica experimenta cambios funcionales y estructurales en diferentes regiones que pueden ser reversibles con el tiempo. Dos de estas regiones son la corteza prefrontal y el hipocampo. Dado que se trata de regiones que son claves para diferentes procesos cognitivos (toma de decisiones, atención, aprendizaje y memoria, regulación de la emoción), no es de extrañar los efectos del estrés sobre la cognición y la emoción.



¿Podría ayudarnos la meditación a minimizar los efectos que tiene el estrés sobre la función cerebral? Diversos estudios publicados en el 2010 y el 2011 por distintos equipos de trabajo han encontrado, por ejemplo, que la meditación altera el flujo sanguíneo en algunas zonas del cerebro relacionadas con la respuesta al estrés, y que la corteza prefrontal se muestra mucho más activa durante la práctica de meditación que durante la ejecución de tareas cognitivas que inducen un estado elevado de concentración. También se ha detectado un aumento del flujo sanguíneo en regiones pertenecientes a redes neurales atencionales y de regulación de la emoción, aunque todavía queda por desvelar si eso va ligado a una mejora del aprendizaje y la memoria.



Y no sólo se han detectado cambios funcionales sino también estructurales relacionados con la meditación y su influjo positivo sobre el estrés. Por ejemplo, se ha visto que en las personas que han estado meditando durante años el espesor de la corteza prefrontal de su cerebro es mayor; que tras un curso intensivo de meditación de 11 horas aumenta el grosor de la sustancia blanca en las cortezas frontal y cingulada anterior, y que en personas que han participado durante ocho semanas en un programa de meditación también incrementa la sustancia gris del hipocampo izquierdo y de otras regiones cerebrales.



¿Qué queremos decir con todo ello? Teniendo presente cuáles son las estructuras cerebrales diana de los efectos del estrés (precisamente la corteza prefrontal e hipocampo), y teniendo en cuenta que estas regiones son de cardinal importancia para diferentes procesos cognitivos y para la regulación de la emoción, podríamos pensar que los cambios funcionales y estructurales encontrados después de la meditación en dichas regiones podrían ayudar a minimizar los efectos que el estrés pueda ejercer sobre el sistema nervioso y, por ende, sobre nuestras capacidades cognitivas y emocionales.



Los genes y la meditación 
Finalmente, también se ha visto que la meditación no sólo afecta al funcionamiento del cerebro y algunos aspectos de su anatomía, sino también al funcionamiento de algunos genes. El año pasado, por ejemplo, se demostró que la práctica regular de meditación favorece la expresión de determinados genes relacionados con actividades antiinflamatorias y con la recuperación física y emocional ante situaciones de estrés, es decir, con la capacidad de resiliencia, unos genes denominados RIPK2 y COX2. Concretamente, parece ser que la meditación altera la función de una enzima implicada en las modificaciones epigenéticas, que contribuyen a regular la función de determinados genes sin alterar el mensaje que contienen, y en este caso afectaría a la funcionalidad de los dos genes mencionados. En definitiva, tomados en su conjunto todos estos resultados también contribuyen a explicar algunos de los efectos beneficiosos de estas prácticas sobre la salud humana.



Corolario: la relativa facilidad de meditar sin supersticiones 
A pesar de que el número de trabajos científicos sobre las diversas formas de meditación no es todavía muy extenso, lo cierto es que todos ellos parecen confirmar la utilidad de estas prácticas para potenciar determinados aspectos funcionales del cerebro, como el control emocional, la capacidad atencional, la flexibilidad cognitiva, el aprendizaje y la memoria. Para algunas personas, meditar puede parecer algo difícil de realizar, lo que explica que a menudo estas prácticas se hayan asociado a religiones y pseudoreligiones, con explicaciones místicas acientíficas que, generalmente, lo único que hacen es ensalzar el papel del gurú/entrenador.



Quizás usted medite habitualmente sin ser plenamente consciente de ello (bella paradoja, por cierto). Meditar es algo tan sencillo como tomarse un tiempo para no pensar en nada de forma consciente o centrar la conciencia en los propios pensamientos, en el mismo hecho de la meditación, en algún objeto externo o en el ritmo de la respiración, siempre en el aquí y el ahora, respirando pausadamente, en un ambiente de relajación alejado de estrés. Sin ánimo de desmerecer las técnicas milenarias de meditación y sus correspondientes expertos, no es descartable que su vecina que se sienta en el portal a ver sin mirar el pasar de gentes y coches, esté meditando sin saberlo. No se lo diga: rompería el encanto. 

Cervell de Sis: David Bueno, doctor en Biología; Enric Bufill, neurólogo; Francesc Colom, doctor en Psicología; Diego Redolar, doctor en Neurociencias; Xaro Sánchez, doctora en Psiquiatría, y Eduard Vieta, doctor en psiquiatría.


La Vanguardia.es - Lunes, 26 de enero de 2015