lunes, 1 de junio de 2015

Breves reseñas sobre la CONTINUIDAD DE LA MENTE y LEY DE CAUSA Y EFECTO - KARMA

Muchas veces nos hemos expresado con respecto al karma, de una forma un tanto superflua y ligera, "eso es tu karma", "si le ocurrió aquello es cosa de su karma". Este y otros han sido las circunstancias que me han llevado a redactar estas breves reseñas sobre nuestro continuo mental, "cualquier acción producida esta precedida por otra anterior, y será la causa de otra posterior", y algunas anotaciones respecto a la ley universal de causa y efecto - karma, que he ido recogiendo a través de los años de la lectura de textos budistas y de las charlas con mis maestros Lamas Tibetanos.

Es mi deseo que sirvan para la reflexión y que aporten información para darnos cuenta de lo complejas que son estas instrucciones.

LA CONTINUIDAD DE LA MENTE

La mente se puede comparar a un vasto océano y las percepciones, pensamientos y emociones, a las olas que surgen y rompen en su superficie. Esta analogía nos ayuda a comprender las experiencias que nos ocurren en la meditación y en nuestras actividades de cada día; pero para conseguir una experiencia de adonde va la mente y de donde viene, nos será de ayuda el pensar en ella como en un río  que fluye con el tiempo. Cada momento de la mente conduce inevitablemente al siguiente. La mente fluye desde el principio ininterrumpidamente, día y noche, como una corriente de innumerables experiencias momentáneas en continuo cambio. Los pensamientos y las sensaciones aparecen y desaparecen rápidamente, pero dejan impresiones que transporta la corriente mental.

Ciertas corrientes de pensamiento explican que la mente no tiene principio ni fin, es como una energía eterna; a diferencia del cuerpo, que es concebido, nace, muere y se desintegra.

Todo lo que hacemos y pensamos tiene su origen en un momento anterior, y a su vez determina nuestras experiencias futuras. Solo depende de nosotros el poder ser lo que queramos si canalizamos nuestra energía en esa dirección. Para conseguirlo, necesitamos comprender la mente y aprender a utilizarla con habilidad.

Tenemos que entender que la mente es impermanente, transitoria y cambiante momento a momento. Por tanto es un efecto, un resultado, el producto de una causa. Siendo una serie de momentos siempre cambiantes, cada uno de los cuales es el necesario resultado de un momento previo.

Hay quien mantiene que la mente es el cerebro, pero tal como la definimos nosotros, la mente son las experiencias mismas. La mente depende del cerebro y del sistema nervioso, pero no puede ser el cerebro.

Tampoco puede provenir de la mente de otros, como la de nuestros padres.
Para concluir, lo importante de esta reflexión es entender que cualquier cosa que realizamos, que pensamos y que sentimos, tiene su origen en un momento anterior, pero además cualquier cosa que hagamos de cuerpo, palabra o mente, también tendrá un resultado o será causa de un momento posterior, por lo tanto observar esto y experimentarlo nos aportará el entendimiento de lo importante de nuestras acciones de cuerpo, palabra y mente, dado que de ellas dependerá nuestras futuras acciones, pensamientos, emociones, etc.

Práctica de meditacion:

Atendemos a la postura y a la respiración. Prestamos atención a una motivación beneficiosa para realizar esta meditación. Durante un tiempo mantenemos la atención en la respiración hasta que la mente se vuelve más calmada y clara.

Primero observa tu estado mental presente, los pensamientos y sensaciones que en la mente se suceden. Obsérvalos desapasionadamente, sin apegarte o rechazar ninguno de ellos.

Ahora empieza a viajar hacia atrás en el tiempo. Repasa brevemente las experiencias conscientes que has tenido desde que te has despertado esta mañana, ¿forman parte del mismo continuo de conciencia que las experiencias presentes?. Antes  de despertarte es posible que estuvieras soñando, ¿puedes recordar los sueños que tuviste la noche pasada?. ¿Pertenece también a la misma corriente mental?

Continua con tus experiencias mentales de ayer, ………de hace dos días, ……… de la semana pasada, ……….del mes pasado,………….del año pasado; de dos años,…….de cinco años, ………….. de diez años. Continúa investigando si esas experiencias están de alguna forma ligadas, unidas, al mismo continuo mental de ahora.

Evita involucrarte  en los recuerdos. El propósito de esta meditación no es revivir buenos tiempos o resolver problemas del pasado, sino conseguir una experiencia de la continuidad de la mente. Si encuentras algo en tu memoria que te gustaría investigar con más detalle, déjalo para más adelante.

Retrocede en tu vida tan lejos como sea posible, recuerda las experiencias de tu adolescencia, ………..de tu niñez. Relájate y abre tu mente para permitir que surjan estos recuerdos.

Tras llegar tan atrás como puedas, trae suavemente tu conciencia al presente y observa los pensamientos y sentimientos que aparecen. Experimenta simplemente cómo continúa fluyendo la corriente de tu conciencia; siente su momentaneidad: un pensamiento o sentimiento que deja paso al siguiente, que conduce al siguiente, y al siguiente y así sucesivamente.

Por último, trata de tener alguna idea de a dónde se dirige desde aquí. 

Contempla tu corriente mental fluyendo el resto del día, mañana, los días siguientes, las semanas, los años……hasta la muerte. ¿Qué ocurre entonces?.

 Considera las distintas posibilidades: ¿cesa repentinamente la existencia de la corriente de conciencia?, ¿se transforma en algo diferente?. Aunque puede que no llegues a una conclusión definitiva, lo más importante es observar con una mente clara.





















viernes, 3 de abril de 2015

Amor y Apego:

   Primero se debe identificar lo que es el apego y después dejarlo ir. Es entonces cuando comprendes el desapego. Creer firmemente que no hay que tener apego no es del todo correcto. No se trata de tomar una posición en contra del apego, como si hubiera un mandamiento que lo prohibiera; la cuestión es observarlo. Nos preguntamos:"¿Qué es el apego?, ¿Trae felicidad estar apegado a las cosas, o trae sufrimiento?". De este modo llegamos a comprender lo que es el apego y después podemos soltarlo.
   
   Si debido a tus nobles pensamientos consideras que no se debe estar apegado a nada, tendras ideas como estas: "Yo no puedo aceptar el desapego porque quiero a mi mujer y estoy apegado a ella. La quiero y no puedo dejar que se marche. No puedo decirle que se vaya". Este tipo de pensamientos surgen de la visión de que no se debe estar apegado.

   Reconocer el apego no quiere decir que tengas que dejar a tu mujer. Significa que te liberas de tus visiones erróneas sobre ti mismo y sobre tu mujer. Entonces descubres que ahí hay amor, pero sin apego, sin distorsión, sin aferramiento. La mente vacía es muy capaz de ocuparse de los demás y de amarlos en el sentido puro del amor. Pero cualquier apego distorsionará ese amor. 

   Cuando te aferras a la persona que amas todo se complica, ya que lo que tú amas te causa dolor. Por ejemplo, si te apegas a tus hijos no los estas queriendo de verdad, porque cuando hay apego ya no estás con ellos tal como ellos son. Proyectamos toda clase de cosas para ellos: lo que tienen que ser y lo que queremos que lleguen a ser. Queremos que nos obedezcan, queremos que sean buenos y que aprueben los exámenes. Con esta actitud no los estamos amando realmente, porque si ellos no consiguen satisfacer nuestros deseos nos sentiremos frustrados y nos enfadaremos con ellos. Así pues, el apego a los hijos nos impide amarlos, pero en cuanto soltamos el apego, descubrimos que el amor es nuestro modo natural de relacionarnos. Comprendemos que somos capaces de dejar que nuestros hijos sean tal como son, en lugar de tener  ideas fijas sobre lo que nosotros queremos que sean.

   Muchas veces los padres contamos los muchos sufrimientos que conlleva tener niños. Esto se debe a que hay un montón de anhelos. Cuando nos empeñamos en que sena de un modo determinado y nos negamos a que sean de otro modo, estamos generando angustia y sufrimiento en nuestras mentes. Pero cuanto más nos liberamos de esto, más descubrimos una asombrosa habilidad para ser conscientes y sensibles a la manera de ser de los niños. Esa apertura permitirá que los niños respondan, en lugar de reaccionar al apego de los padres. Hay muchos niños que lo único que hacen es reaccionar a estas palabras: "Quiero que seas así".

   La mente vacía - la mente pura - no es un espacio en blanco donde no sientes ni te preocupa nada. Es una refulgencia de la mente. Es un resplandor que acepta y que es verdaderamente sensible. Es la habilidad de aceptar la vida tal como es. Cuando aceptamos la vida como es, podemos responder adecuadamente al modo en que la experimentamos en lugar de reaccionar impulsados por el miedo y la aversión.

"Reflexiones en el camino de la meditación". Ajahn Sumedho, 1998






jueves, 26 de marzo de 2015


El Intensivo de Meditación esta orientado a la instrucción teórico-práctica de las técnicas milenarias utilizadas en las tradiciones budistas, para alcanzar un estado de relajación y calma mental, de tal forma que una vez alcanzados estos estados seamos capaces de observar y descubrir el origen real de ellos, y que muchas veces nos llevan o nos arrastran a determinados sucesos de estress, ansiedad, depresión, etc.
Es por esto que mediante la aplicación de estas técnicas de instrospección interior, utilizando como único vehículo las prácticas meditativas, podamos llegar a contemplar y conocer un poco más nuestra mente y nuestros procesos mentales, único recipiente en el que se encuentra esa gran joya que es la felicidad auténtica y duradera.
Observar nuestras emociones, descubrir lo engañosas que son, como nos dominan y determinan nuestra vida. Experimentar sobre si la forma en la que percibimos las cosas, es la forma en la que verdaderamente existen.
Por todo ello, si aprendemos a apartarnos de las falsas ideas preconcebidas, que nos conducen al apego, al enfado, al orgullo, a la envidia, y a otros estados emocionales similares, así como a estados de estrechez mental, conseguiremos relacionarnos con las demás personas y con nuestras propias posesiones de un modo mucho más equilibrado.

viernes, 30 de enero de 2015

Meditar es bueno para el cerebro

A menudo no somos conscientes del placer de estar sentados sin hacer nada, dejando vagar la mente en el aquí y el ahora, sea en la playa, dejándonos llevar por el sonido de las olas; en el monte, al lado de un arroyo, o simplemente en casa. No sólo es una experiencia relajante, que nos ayuda a equilibrar nuestros pensamientos tras una jornada de trabajo y a reencontrarnos; si además prestamos atención a nuestros pensamientos, a algún objeto externo o a nuestra consciencia, estaremos meditando. Etimológicamente, meditación proviene del latín meditatio, que definía un tipo de ejercicio intelectual. La usamos para describir la práctica de un estado de atención concentrada, sea sobre un objeto externo, nuestro pensamiento, o simplemente sobre el propio estado de concentración.


Desde la década de 1960, y muy especialmente desde que en 1968 los Beatles fueron a India para asistir a un curso de meditación trascendental en el ashram del Maharishi Mahesh Yogi, el gurú fundador del movimiento Meditación Trascendental, muchas técnicas tradicionales orientales de concentración y relajación han ido ganado adeptos en Occidente, como el yoga, el tai-chi.... Se les atribuyen diversos beneficios, pero las evidencias científicas han sido siempre muy escasas, más allá del simple efecto de relajación que producen el silencio y la tranquilidad. Sin embargo, desde el 2009, un número creciente de trabajos experimentales han examinado los efectos de la meditación sobre la función, la conectividad e incluso la morfología en distintas zonas del cerebro.



Se ha visto, por ejemplo, que favorece el control emocional, tanto a nivel funcional como también estructural del cerebro. Con ello no queremos decir que todos los beneficios que en algún momento se hayan podido atribuir a estas técnicas de meditación sean científicamente ciertos (sobre todo aquellos con tintes a veces casi milagrosos o sobrenaturales), ni tampoco las explicaciones pseudocientíficas sobre el motivo de estos beneficios –como la existencia de energías místicas que solo pueden percibir unos pocos iniciados con algún tipo de don especial–. Sin embargo, actualmente hay pocas dudas sobre su influencia en ciertos aspectos de nuestro comportamiento, a través de funciones cerebrales. El concepto gira en torno a la idea de que meditar con el cerebro, es un beneficio para el cerebro mismo.



Taichi: plasticidad cerebral, atención sensorial y motora 
Este es uno de los trabajos más recientes. A principios del 2014, Xi-Nian Zuo, director del laboratorio de conectómica funcional de la Universidad de Pekín y miembro de la academia de Ciencia de China, y su equipo de colaboradores, se preguntaron hasta que punto la práctica del taichi modifica la organización funcional del cerebro. La conectómica, por cierto, es la disciplina científica que estudia cómo se establecen y se mantienen las conexiones neurales.



El taichi, más propiamente dicho taichichuan –una expresión que se puede traducir como “puño supremo último”–, es un arte marcial interno de origen chino para la lucha cuerpo a cuerpo, aunque actualmente se usa sobre todo como una técnica de meditación en movimiento. Se basa en la realización de una serie de movimientos lentos encadenados, durante los cuales la respiración pausada y el equilibrio en los movimientos se mantienen bajo control consciente, lo que permite favorecer la relajación y la autoconciencia. Los datos históricos sobre su origen son muy contradictorios, y a pesar de que los documentos más antiguos están fechados en el siglo XV, hay quien dice que podría ser anterior. Los primeros estudios científicos sobre los supuestos efectos beneficiosos de su práctica se iniciaron en los noventa, e indicaron que mejora la presión arterial en las personas con hipertensión, favorece la rehabilitación cardiaca en las que han sufrido un infarto y hace disminuir los síntomas de depresión. Unos efectos que, sin embargo y sin menoscabar su importancia, se pueden explicar por los simples beneficios psicológicos de la relajación. En este trabajo que comentamos más extensamente se hizo un seguimiento de la actividad neural de practicantes de taichi con un sistema de resonancia magnética funcional no invasiva, que permite examinar la arquitectura funcional del cerebro con una alta resolución espacial.



Se examinó un grupo de voluntarios de entre 50 y 55 años, que reunían unas mismas características culturales, educativas y de estado general de salud. La mitad eran practicantes de taichi, y el resto no lo habían practicado nunca ni tampoco hacían uso de ninguna otra técnica específica de relajación ni entrenamiento del equilibrio. Al comparar la actividad neural de ambos grupos, se observó que los practicantes del taichi presentaban más homogeneidad funcional en una región del cerebro denominada giro poscentral derecho, que se correlaciona con una integración superior de las áreas sensoriales y motoras, y contrariamente una homogeneidad funcional más baja en otra área denominada corteza cingulada anterior, que se correlaciona con la optimización funcional de las áreas de control de la atención.



Dicho de otro modo, y según concluyen los autores de este trabajo, la práctica regular del taichi parece actuar sobre la plasticidad del cerebro de forma que puede mejorar la capacidad de mantener la atención y favorece la integración sensorial y motora, optimizando el funcionamiento de ciertas áreas del cerebro. Sin embargo, los mismos investigadores no descartan que estas diferencias cerebrales puedan ser anteriores a la práctica del taichi, de manera que sean el motivo, o uno de los motivos, que lleven determinadas personas a querer practicar este arte marcial, y no una consecuencia de practicarlo. Para dilucidar este punto sería necesario repetir el estudio con nuevos voluntarios, para examinar su cerebro antes de que comenzaran a practicar taichi y comparar los resultados con nuevos escáneres realizados unos años más tarde. Una búsqueda en la literatura científica nos ofrece más de 200 experimentos clínicos –también llamados “ensayos clínicos”– sobre la utilidad del taichi en aspectos tan diversos como pérdida de equilibrio en la vejez, colesterol, artritis, síndrome de abstinencia, hipertensión, hiperglicemia, depresión, fibromialgia, osteopenia post-menopáusica, problemas cognitivos, patología respiratoria, dolor lumbar, traumatismo craneoencefálico, accidentes cerebrovasculares, enfermedad cardiovascular, insomnio, falta de respuesta inmunológica, o enfermedad de Parkinson. En la mayoría de los casos se trata de estudios no aleatorizados o sin un buen grupo de comparación, lo que hace que sus resultados no sean del todo generalizables.



Yoga y meditación trascendental 
También en el 2014, un grupo de científicos de la sección siberiana de la Academia de Ciencias Rusa analizaron si la práctica del yoga puede afectar de forma permanente la función emocional. El yoga es una disciplina física y mental que tradicionalmente se ha asociado con prácticas de meditación en diversas religiones orientales, como el hinduismo, el budismo y el jainismo. Etimológicamente, la palabra yoga proviene del sánscrito ioga, que a su vez procede del verbo iush, que significa “colocar el yugo (a dos bueyes, para unirlos), concentrar la mente, absorberse en meditación, recordar, unir, conectar y otorgar”. Es la misma raíz de los términos castellanos yugo y conyugal. Su origen histórico es incierto. Según la mitología hindú, es eterno y siempre existió. Históricamente hablando, en 1931 el arqueólogo británico sir John Marshall descubrió en las ruinas de Mohenjo-Daro (Pakistán) un sello con figuras del siglo XVII a.C. en el que se ve una supuesta criatura antropomorfa con cuernos en una posición sentada con las piernas cruzadas que recuerda una postura típica del yoga, lo que podría indicar que esta disciplina física y mental tiene más de 35 cinco siglos de antigüedad.



Sea como fuere, hace tiempo que se sabe que el yoga puede ser una buena terapia antiestrés y es útil como coadyuvante en determinadas enfermedades psicosomáticas, lo que significa que contribuye a superarlas sin ser la causa directa y única de su curación. En este trabajo se monitorizó la actividad cerebral de practicantes de yoga y se comparó con la de personas ajenas a esta técnica, lo que permitió observar si había cambios permanentes en la función emocional. Además, a largo plazo también parece incrementar el control consciente, a través de la actividad de las denominadas corteza frontal y prefrontal sobre las respuestas automáticas de la amígdala, que es la zona del cerebro encargada de las respuestas emocionales.



Estos son sólo dos trabajos científicos, pero hay más. Algunos han sugerido que la meditación también incrementa la capacidad atencional y la flexibilidad cognitiva, es decir la capacidad para cambiar de pensamiento sobre dos conceptos distintos y de pensar en múltiples conceptos a la vez. Así, los meditadores expertos se ven menos afectados por los estímulos que tienen cargas emocionales negativas que quienes no practican ningún tipo de meditación.



También se han encontrado diferencias en los mecanismos de control emocional entre los meditadores expertos y los principiantes. Mientras que en los primeros la meditación actúa sobre la denominada corteza cingulada media y posterior, en los principiantes lo hace sobre la amígdala. La diferencia puede ser importante, puesto que la corteza cingulada está implicada en la anticipación de recompensas, la toma de decisiones, la empatía y el control emocional, mientras que la amígdala es la zona del cerebro donde se gestan las emociones de forma preconsciente. Según los autores de este trabajo, esta diferencia implica que los expertos alcanzan la estabilidad emocional a través de la aceptación de su estado emocional, mientras que los principiantes reprimen directamente los estados emocionales negativos. La psicología clínica moderna incorpora algunos aspectos de la meditación y el yoga en sus llamadas “terapias de tercera generación”, más en concreto en la terapia conocida como mindfulness. De nuevo, aunque hay un cierto acuerdo entre expertos sobre la utilidad de esta técnica en el control de la ansiedad y en la depresión leve-moderada, faltan estudios bien diseñados para llegar a conclusiones sobre su utilidad en la mayoría de trastornos mentales.



En un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Harvard en el que se examinó el cerebro de 20 personas que practicaban la meditación budista y se comparó con otros individuos, se vio que los que la hacían regularmente tenían un mayor volumen de tejido cerebral en determinadas zonas de la ya mencionada corteza prefrontal y en la ínsula, una estructura relacionada con la empatía. En esa línea, la meditación no sólo parece actuar a nivel del control emocional, es decir, sobre aspectos funcionales del cerebro, sino también anatómicos, como en la ínsula recién citada. Así, por ejemplo, se ha demostrado que la meditación también incrementa la cantidad de materia blanca del cerebro en algunas de las principales rutas neurales que conectan las áreas asociativas y receptivas con las motoras y premotoras, y las que conectan el hipocampo y la amígdala.



En la misma dirección, hace pocos meses un trabajo realizado por científicos de las universidades de Oregón, Texas y California permitió descubrir un mecanismo molecular que explicaría este aumento de sustancia blanca en los meditadores expertos. La meditación incrementaría el ritmo de las denominadas ondas zeta del cerebro, que normalmente están asociadas con las primeras etapas del sueño y reflejan estados emocionales positivos y de atención hacia los propios pensamientos y el propio cuerpo, lo que activaría la función de una enzima cerebral denominada calpaina implicada en la memoria y el aprendizaje. Esta enzima también actúa sobre la plasticidad neural –a su vez ligada a la memoria y el aprendizaje–, y además activa las denominadas células de la glía, que desempeñan una función de soporte de las neuronas. En conjunto, todo esto favorecería un incremento de la conectividad neuronal.



Los efectos de la meditación 
Según investigadores de la Universidad de California, los meditadores expertos muestran una mayor actividad de la enzima telomerasa, encargada del mantenimiento de los extremos de los cromosomas –los denominados telómeros–, lo que redunda en un retraso del envejecimiento celular. De forma contraria, se ha visto que el estrés crónico reduce la actividad de esta enzima.



Meditación y estrés 
Hoy sabemos que el cerebro resulta crítico para la regulación del estrés, y que éste puede modificar el funcionamiento y la estructura del mismo. En tanto que el cerebro es capaz de determinar qué tipo de estímulos han de producir una respuesta de estrés en el organismo, se convierte en el órgano clave para que una respuesta de estrés sea adaptativa o desadaptativa para la persona. ¿Cómo responde el cerebro ante el estrés? Hoy sabemos que delante de una situación de estrés crónica experimenta cambios funcionales y estructurales en diferentes regiones que pueden ser reversibles con el tiempo. Dos de estas regiones son la corteza prefrontal y el hipocampo. Dado que se trata de regiones que son claves para diferentes procesos cognitivos (toma de decisiones, atención, aprendizaje y memoria, regulación de la emoción), no es de extrañar los efectos del estrés sobre la cognición y la emoción.



¿Podría ayudarnos la meditación a minimizar los efectos que tiene el estrés sobre la función cerebral? Diversos estudios publicados en el 2010 y el 2011 por distintos equipos de trabajo han encontrado, por ejemplo, que la meditación altera el flujo sanguíneo en algunas zonas del cerebro relacionadas con la respuesta al estrés, y que la corteza prefrontal se muestra mucho más activa durante la práctica de meditación que durante la ejecución de tareas cognitivas que inducen un estado elevado de concentración. También se ha detectado un aumento del flujo sanguíneo en regiones pertenecientes a redes neurales atencionales y de regulación de la emoción, aunque todavía queda por desvelar si eso va ligado a una mejora del aprendizaje y la memoria.



Y no sólo se han detectado cambios funcionales sino también estructurales relacionados con la meditación y su influjo positivo sobre el estrés. Por ejemplo, se ha visto que en las personas que han estado meditando durante años el espesor de la corteza prefrontal de su cerebro es mayor; que tras un curso intensivo de meditación de 11 horas aumenta el grosor de la sustancia blanca en las cortezas frontal y cingulada anterior, y que en personas que han participado durante ocho semanas en un programa de meditación también incrementa la sustancia gris del hipocampo izquierdo y de otras regiones cerebrales.



¿Qué queremos decir con todo ello? Teniendo presente cuáles son las estructuras cerebrales diana de los efectos del estrés (precisamente la corteza prefrontal e hipocampo), y teniendo en cuenta que estas regiones son de cardinal importancia para diferentes procesos cognitivos y para la regulación de la emoción, podríamos pensar que los cambios funcionales y estructurales encontrados después de la meditación en dichas regiones podrían ayudar a minimizar los efectos que el estrés pueda ejercer sobre el sistema nervioso y, por ende, sobre nuestras capacidades cognitivas y emocionales.



Los genes y la meditación 
Finalmente, también se ha visto que la meditación no sólo afecta al funcionamiento del cerebro y algunos aspectos de su anatomía, sino también al funcionamiento de algunos genes. El año pasado, por ejemplo, se demostró que la práctica regular de meditación favorece la expresión de determinados genes relacionados con actividades antiinflamatorias y con la recuperación física y emocional ante situaciones de estrés, es decir, con la capacidad de resiliencia, unos genes denominados RIPK2 y COX2. Concretamente, parece ser que la meditación altera la función de una enzima implicada en las modificaciones epigenéticas, que contribuyen a regular la función de determinados genes sin alterar el mensaje que contienen, y en este caso afectaría a la funcionalidad de los dos genes mencionados. En definitiva, tomados en su conjunto todos estos resultados también contribuyen a explicar algunos de los efectos beneficiosos de estas prácticas sobre la salud humana.



Corolario: la relativa facilidad de meditar sin supersticiones 
A pesar de que el número de trabajos científicos sobre las diversas formas de meditación no es todavía muy extenso, lo cierto es que todos ellos parecen confirmar la utilidad de estas prácticas para potenciar determinados aspectos funcionales del cerebro, como el control emocional, la capacidad atencional, la flexibilidad cognitiva, el aprendizaje y la memoria. Para algunas personas, meditar puede parecer algo difícil de realizar, lo que explica que a menudo estas prácticas se hayan asociado a religiones y pseudoreligiones, con explicaciones místicas acientíficas que, generalmente, lo único que hacen es ensalzar el papel del gurú/entrenador.



Quizás usted medite habitualmente sin ser plenamente consciente de ello (bella paradoja, por cierto). Meditar es algo tan sencillo como tomarse un tiempo para no pensar en nada de forma consciente o centrar la conciencia en los propios pensamientos, en el mismo hecho de la meditación, en algún objeto externo o en el ritmo de la respiración, siempre en el aquí y el ahora, respirando pausadamente, en un ambiente de relajación alejado de estrés. Sin ánimo de desmerecer las técnicas milenarias de meditación y sus correspondientes expertos, no es descartable que su vecina que se sienta en el portal a ver sin mirar el pasar de gentes y coches, esté meditando sin saberlo. No se lo diga: rompería el encanto. 

Cervell de Sis: David Bueno, doctor en Biología; Enric Bufill, neurólogo; Francesc Colom, doctor en Psicología; Diego Redolar, doctor en Neurociencias; Xaro Sánchez, doctora en Psiquiatría, y Eduard Vieta, doctor en psiquiatría.


La Vanguardia.es - Lunes, 26 de enero de 2015

jueves, 29 de enero de 2015

Cuentos budistas para niños (VI) - Las Princesas y el Árbol Kingshuk

Las Princesas y el Árbol Kingshuk

Relájate, quédate quietecito y escucha. Escucha con gran atención este cuento sobre cuatro princesas que vivían en un gran palacio de una tierra lejana. Como eran unas jóvenes muy curiosas, al oír hablar de un árbol tan bello e impresionante, les entraron muchas ganas de ir a verlo. Pero no se trata de un árbol cualquiera, ya que era mágico. ¿Quieres saber qué fue lo que pasó? ¡Vamos a ver si lo descubrimos!


Pues....las jóvenes princesas, al haber recibido una educación excelente, conocían al dedillo todo cuanto había en su tierra, sobre todo en cuanto a los animales, las flores y los árboles de su país se refería. Incluso tenían un zoo en el palacio con aves exóticas y animales procedentes de todas partes del mundo. Y se decía que la colección de árboles y flores de los jardines del palacio era incomparable. Por eso las princesas se sorprendieron tanto al oír que el jardinero mencionaba que había un árbol muy especial en los alrededores del palacio, conocido como Kingshuk, con el que ninguna persona se había cruzado nunca. Las princesas se quedaron tan intrigadas por lo que habían oído decir del árbol que decidieron ir a verlo. Aquel mismo día, después de recibir sus lecciones, las princesas fueron a buscar al jardinero y le pidieron si podía llevarlas a ver aquel maravilloso árbol.

-¡Será todo un placer, altezas!- exclamó el jardinero-, pero el Kingshuk es un árbol mágico, sólo puedo llevaros a verlo el día de vuestro cumpleaños. El resto del tiempo es invisible. Tendréis que ir cada una por separado y visitarlo el día en que cumpláis los años.

Las princesas estuvieron de acuerdo y decidieron que lo más correcto esa que la mayor fuera la primera en ir.

Y así lo hicieron. El día de su cumpleaños, una clara mañana de primavera el jardinero y la princesa fueron a ver al árbol Kingshuk. Después de caminar durante un rato llegaron al final del bosque real, donde el jardinero había dicho que aquél árbol mágico crecía. La princesa vio un sauce muy alto apartado de los otros árboles, y como el jardinero no podía verlo, comprendió enseguida que se trataba del árbol mágico Kingshuk. Se quedó plantada en aquel lugar, maravillada por la belleza del árbol. Sus hojitas verdes se desplegaban como relucientes esmeraldas y la princesa se sintió llena de la gozosa energía que despedía. Al marcharse el jardinero le dijo que no hablara del árbol al volver porque si no estropearía aquella imagen a sus hermanas.

Cuando la primavera daba paso al verano, el día del cumpleaños de la princesa que seguía en edad a la mayor, el jardinero la llevó a ver el árbol Kingshuk. Al contemplarlo la princesa dio un grito ahogado, porque estaba cubierto de unas flores preciosas de color rojo vivo que brillaban como rubíes. Al aspirar el celestial perfume de las flores mágicas, la princesa se sintió embriagada por él y experimentó una gran felicidad. El jardinero también le pidió que no hablara a sus hermanas del árbol hasta que lo hubieran visto.

Cuando los calurosos días de verano se transformaron en otoño, el jardinero llevó a la tercera princesa a ver el árbol Kingshuk el día de su cumpleaños. Ella abrió maravillada los ojos de par en par al ver sus ramas repletas de unos deliciosos frutos de color violeta que colgaban del árbol como amatistas gigantes. El árbol mágico era tan precioso que sintió como si la estuviera alimentando con su bondad y generosidad. El jardinero le pidió, como había hecho con las otras princesas, que no le hablara del árbol a sus hermanas hasta que las cuatro lo hubieran visto.

Cuando el invierno hacía caer las últimas hojas otoñales de los árboles, al llegar el cumpleaños de la pequeña, el jardinero la llevó también a visitar el árbol Kingshuk. La princesa le pidió que la llevara por la noche, porque quería verlo a la luz de la luna. Y como era de esperar, las plateadas ramas del árbol, cubiertas de rocío, eran espectaculares y relucían como si estuvieran adornadas con hilos de plata de los que colgaban diminutos diamantes. La princesa sintió como si el árbol mágico la envolviera con su calidez y magia.

Aquel día, después de que la princesa más pequeña hubiera visto el árbol, las cuatro hermanas fueron a dar las gracias al jardinero por haberlas llevado al árbol mágico Kingshuk. Aliviadas ahora por poder hablar de él, al menos entre ellas, la mayor dijo:

-Nunca olvidaré este maravilloso árbol con sus hojitas reluciendo como esmeraldas bajo la luz del sol de la tarde.

-¡Pero hermana, debes de haberte equivocado!- exclamó la princesa que le seguía en edad-. El árbol Kingshuk estaba cubierto de unas enormes flores de color rojo rubí y su embriagador perfume me llenó de una maravillosa sensación de felicidad.

-¡Oh, no, hermanas, las dos estáis muy equivocadas!- insistió la tercera princesa-. El árbol Kingshuk estaba repleto de unos deliciosos frutos de color violeta que relucían como amatistas gigantes.

-¡Yo creo, hermanas, que debemos de haber visto unos árboles distintos! - gritó la pequeña- porque las ramas del Kingshuk estaban cubiertas de hilos de brillante rocío que me cautivaron con su magia.

Si las hermanas no hubieran estado tan bien educadas quizás se habrían peleado. Pero en lugar de hacerlo simplemente se preguntaron si habían visto cuatro árboles distintos.

El jardinero se echó a reír.

-Altezas, en realidad todas habéis visto el mismo árbol Kingshuk y experimentado su magia -dijo con calma-. Lo que pasa es que cambiaba según la estación del año en que cada una de vosotras fuisteis a verlo. Para apreciar de veras el árbol tenéis que ir a visitarlo en todas las estaciones, ¡algo que es imposible!

Las princesas se echaron a reír. Habían olvidado que los cumpleaños de cada una de ellas caían en distintas épocas del año y que el árbol cambiaba según las estaciones. ¡Por eso lo habían visto con un aspecto distinto cada vez que lo habían visto!

Las jóvenes también comprendieron que la única forma de descubrir más cosas sobre el árbol Kingshuk era escucharse las unas a las otras y aprender cada una de las demás, y hacer lo mismo con cualquier otra persona que hubiera tenido la suerte de verlo.

La primera vez que vemos algo no podemos hacernos siempre una idea completa de ello. Una persona sabia sabe que para descubrir la verdad sobre cualquier cosa, debe aprender tanto de la visión que ella tiene como de la de los demás.

jueves, 22 de enero de 2015

Cuentos budistas para niños (V) - El elefante y el perro.

El Elefante y el Perro


Relájate, quédate quietecito y escucha. Escucha con gran atención este cuento sobre un elefante –nada menos que un elefante real- que pertenecía al rey  y que tenía el privilegio de encabezar los desfiles reales. Se llamaba Rajah y vivía rodeado de gran lujo. Pero como era el único elefante real, a veces se sentía muy solo, es decir, hasta que hizo un amigo de lo más inusual. ¿Quieres saber quién fue? ¡Vamos a ver si lo descubrimos!

Pues…..de vez en cuando Rajah se daba un largo y refrescante baño antes de que su cuidador le sirviera la cena. Y cuando se terminaba su cena, el elefante daba un paseo por las amplias estancias que le habían destinado y contemplaba la puesta de sol. Esperaba hasta que las titilantes estrellas aparecían en el aterciopelado cielo nocturno y entonces se iba a acostar.

Sin embargo, una noche, cuando acababa de cenar, advirtió que un perrito le estaba mirando a través de la puerta de sus estancias. El perrito era piel y huesos y parecía estar muerto de hambre.

-Señor elefante, perdona que te moleste, pero ¿podría comerme la comida que te has dejado? Tengo mucha hambre- le pidió el perrito en voz baja.

-¡Claro que si puedes comértela! –respondió el elefante amablemente.

Así que el perrito se deslizó por debajo de los barrotes de la puerta y fue corriendo al cuenco para comerse las sobras. Se las comió en un abrir y cerrar de ojos, y después de darle las gracias al elefante, desapareció en medio de la noche.

La noche siguiente hizo lo mismo, y la otra también, hasta que una noche cuando el perrito llegó, Rajah le dijo: -Amigo mío, ¿te gustaría quedarte a cenar conmigo cada noche? Vivo solo y disfrutaría mucho con tu compañía.

El perrito se quedo encantado al oírlo y aceptó el amable ofrecimiento. ¿Qué escena tan graciosa ver a un enorme elefante cenando dentado con un perrito blanco!

Pero como el cuidador no creía que aquel perrito fuera el compañero adecuado para el elefante real, cada noche hacía todo lo posible por ahuyentarlo. Aunque, con gran regocijo del elefante, el perrito siempre volvía. Y como el cuidador era muy perezoso, pronto se rindió y dejó que el can se quedara. Al cabo de poco Rajah y Copito de Nieve (el elefante lo llamaba así) se convirtieron en inseparables amigos. Cuando el elefante iba a darse un baño, el perrito le acompañaba y jugaban en  el agua. Por la noche cenaban juntos y charlaban y charlaban, como hacen los amigos. Y, por supuesto, también se reían un montón. Y luego se iban a la cama. Copito de Nieve se acurrucaba hecho un ovillo junto a Rajah. Era la suya una gran amistad. Pero un día un granjero, cuando volvía a casa después de haber estado trabajando en el campo, vio por casualidad a los dos animales juntos.

-Parece un perrito inteligente. Me encantaría comprarlo. ¿Cuánto quieres por él?- le preguntó al cuidador.

El cuidador, viendo que era la oportunidad ideal para desprenderse por fin del perrito y ganarse un dinerito extra, le pidió una cantidad por él y el granjero, tras pagársela, se llevó a Copito de Nieve.

Al irse su querido amigo. Rajah se sintió muy solo y triste. Poco a poco fue perdiendo el apetito, no le apetecía comer solo. En realidad ni siquiera tenía ganas de hacer nada. Se quedaba plantado contemplando por encima de la valla la dirección en la que el granjero se había llevado al perrito. Cuando llegaba la hora de darse el baño, se negaba a entrar en el agua. Y por las noches, ni siquiera se fijaba en la puesta de sol ni en las estrellas titilando en el claro nocturno.

Al cabo de una semana el cuidador, que empezaba a estar muy preocupado por la extraña conducta del elefante, se lo contó al rey. Y el rey le pidió al médico que fuera a echar un vistazo a Rajah. Pero al examinar a fondo al elefante, el médico no vio que estuviera enfermo.

-El elefante no parece estar enfermo, sólo está muy triste.
-Si, es así- respondió el cuidador.
-Ummm…pues las personas y los animales sólo se entristecen por una buena razón- respondió el médico sabiamente-, ¿Le ha ocurrido recientemente algo a Rajah? ¿Ha habido algún cambio en su vida?
-Pues creo que no…aunque solía jugar cada noche con un perro flacucho que hace poco vendí a un granjero de la zona.
-¿Cuándo fue?-Preguntó al médico.
-¿Oh, bueno!, pues ahora debe hacer una semana- repuso el cuidador tímidamente.
-¿Y cuando dejó de comer y de querer tomar el baño? –preguntó el médico.
-Ummm…pues supongo que hace una semana- dijo avergonzado el cuidador al darse cuenta de la conexión.
-Pues ahora ya sabes la razón, debe de estar triste porque echa de menos a su amigo.
-¡Oh, no! Ojalá me lo hubiera pensado dos veces antes de vender al perrito. ¡Creí que hacían una pareja de lo más rara! Intentaré encontrarlo pero para ser sincero no tengo idea de dónde vive el granjero- dijo el cuidador abatido aal no creer poder recuperarlo.

Cuando el médico lo contó en el palacio, el rey envió a sus emisarios por todo el reino para que anunciaran que aquel que devolviera al perrito para que anunciaran que aquel que devolviera al perrito recibiría una gran recompensa, Al oírlo, el granjero fue enseguida a la corte a reclamar la recompensa. En cuanto cruzaron la puerta del jardín del palacio y Copito de Nieve vio a su amigo Rajah, se puso a ladrar de alegría y fue corriendo hacia él lo más deprisa que sus cortas patitas se lo permitían.

El elefante al verlo se puso loco de alegría. Cogiendo a su amiguito con su larga trompa, se lo puso sobre la cabeza y se fue con él a darse el baño. Aquella noche los dos amigos cenaron juntos de nuevo y Rajah volvió a estar feliz. Al día siguiente el cuidador del elefante también preparo un cuenco especial para Copito de Nieve para que supiera que era bienvenido y que podía quedarse con el elefante para siempre. Y a la siguiente celebración de la corte, la gente se quedó maravillada al ver a un perrito blanco sentado sobre la cabeza del elefante real que encabezaba el cortejo real.

Todos necesitamos tener amigos con los que compartir los recuerdos y los momentos maravillosos y para que nos ayuden en los tiempos difíciles. Una persona sabe que puede encontrar un amigo incluso entre quienes menos se los esperaba.