viernes, 26 de diciembre de 2014

Cuentos Budistas para Niños (II) - Los dos patos y la tortuga.

Los dos patos y la tortuga

Relájate, quédate quietecito y escucha. Escucha con gran atención  este cuento sobre una tortuga que vivía en una gran laguna llena de agua fresca y cristalina. Hasta que ocurrió algo muy extraño. ¿Qué pudo haber sido? ¡Vamos a ver si lo descubrimos!



Pues… esta tortuga vivía hace mucho, muchísimo tiempo en una tierra lejana en la que hacía mucho calor. Durante muchos años se sintió satisfecha nadando perezosamente por la laguna o tomando el solecito sobre las grandes y carnosas hojas verdes de los nenúfares que flotaban en el agua. A veces se zampaba al vuelo a una libélula que pasaba por ahí o intentaba atrapar, a un gordo y jugoso escarabajo de agua para comérselo.

Total, que la tortuga se daba una gran vida. Hasta que un verano –un calurosísimo y seco verano- dejó de llover y el ardiente sol picaba tanto que las frescas y claras aguas de la laguna empezaron a evaporarse. Poco a poco, el nivel del agua fue bajando. Cada día la laguna se secaba más, haciéndose más y más pequeña, hasta que al final quedó tan poco agua que la tortuga decidió ocuparse del problema e ir en busca de un nuevo hogar antes de que el agua desapareciera por completo. Pero ¿Cómo iba a hacerlo?

Una mañana muy tempranito, cuando el sol acababa de salir en el despejado cielo azul. la tortuga fue a buscar ayuda. Al cabo de poco oyó a dos patos que volaban sobre su cabeza  graznando.

La tortuga las llamó enseguida.-Pataos, patos, estoy aquí! ¡Por favor ayudadme! La laguna en la que vivo se está secando. ¿Seríais tan amables de llevarme a otra llena de agua? –Pero ¿cómo vamos a hacerlo?-respondieron los patos-. Nosotros volamos por el aire y tú, en cambio, estás en el suelo.

En ese momento la tortuga tropezó con un palo largo y recto tirado en medio del camino.
-¿ Y si  llevarais este palo entre vuestros picos?-les gritó-. Entonces yo podría agarrarme a él con la boca para que me transportarais a una nueva laguna.

-¡Qué gran idea! – exclamaron los patos aterrizando al lado de la tortuga-. Pero si lo hacemos tienes que prometernos que no vas a abrir la boca.

Y así lo acordaron. Los patos sujetaron el palo con sus picos y en cuanto la tortuga se agarró fuertemente a él con la boca, echaron a volar. Los patos transportaron a la tortuga por el aire para llevarle a una laguna nueva llena de agua fresca y clara que brillaba a lo lejos.

Por el camino, pasaron por encima de un campo donde estaban jugando unos niños bulliciosamente. Cuando oyeron el aleteo de los patos, los niños miraron hacia arriba y se echaron a reír a carcajadas a l ver la curiosa escena.

-¡Qué imagen más cómica!- gritó uno de los niños mofándose-. ¡Dos patos llevando a una tortuga con un palo! ¡Qué ridícula se ve en esa postura!

La tortuga al oírlo se picó, porque sabía que aunque estuviera en una postura ridícula, la mantenía por una buena razón.

-¡Sois vosotros los ridículos! ¡No entendéis nada!-les gritó la tortuga furiosa. Pero al abrir la boca la pobre tortuga se soltó del palo y, dando volteretas en medio del aire, fue cayendo por el soleado cielo hasta chocar la hierba dándose un fuerte porrazo.

-¡Ay!- gritó frotándose su magullada y dolorida cabecita-. ¡No tenía que haber escuchado a esos niños! De ahora en adelante me lo pensaré dos veces antes de abrir la boca para responder hecha una furia a alguien.

Con demasiada frecuencia, cuando estamos enojados abrimos la boca para decir algo sin pensar en las consecuencias que tendrá. Una persona sabia piensa antes de hablar y si sabe que va a decir algo desagradable porque está enfadada se queda callada.

viernes, 12 de diciembre de 2014

jueves, 11 de diciembre de 2014

Cuentos Budistas para Niños - El Lorito Valiente

EL LORITO VALIENTE

Relájate, quédate quietecito y escucha. Escucha con gran atención este cuento sobre un lorito azul que vivía en la copa de los árboles de una selva tropical. Un día sorprendió a todo el mundo porque, a pesar de su pequeño tamaño, fue muy valiente. ¿Qué crees que hizo? Vamos a ver si lo descubrimos.


Pues.....una mañana unos nubarrones grandes y negros deslizándose por el cielo fueron a parar a la parte de la selva donde vivía el lorito azul. Los nubarrones estaban furiosos y se pusieron a rugir y a tronar, haciendo un estruendo horroroso. De pronto lanzaron unos intensos relámpagos plateados y uno de ellos cayó sobre un viejo árbol muerto de la selva que empezó a arder envuelto en llamas. Entonces los gigantescos nubarrones cogieron una asombrosa cantidad de aire y apagaron las llamas del tronco con tanta fuerza que las chispas saltaron a los árboles vecinos. Cuando las llamas se volvieron tan altas que llegaron hasta el fondo del nido del lorito, a la pobre ave no le quedó más remedio que huir volando y subir cada vez más alto en el cielo para no chamuscarse las plumas.

Mientras la tormenta rugía y las llamas crecían, al mirar abajo el lorito azul vio a muchos de sus amigos – los otros animales que vivían en la selva- corriendo por los alrededores confundidos y aterrados por el fuego. No sabían adonde ir a refugiarse. El lorito, aunque estaba muy preocupado por ellos, logró mantener la calma y se puso a pensar en cómo podía ayudarles. Y de repente se le ocurrió una idea.
- ¡Id al rio!- les gritó-. ¡Seguidme, yo os mostraré el camino amigos míos! Y se fue volando hacia el rio para guiarles hasta él. Pero no todos los animales fueron capaces de seguirle: algunos no podían oírle y otros estaban rodeados por las llamas y gritaban pidiendo auxilio.

De pronto, ¡al lorito azul se le ocurrió otra idea! Se fue volando al rio y se zambulló en el agua. Luego volvió rápidamente a la selva en llamas y sacudió sus empapadas alitas sobre la vegetación. Una lluvia de gotitas plateadas cayó sobre el fuego produciendo un suave siseo……El lorito fue volando del fuego al rio y del rio al fuego una y otra vez. A cada viaje que hacía se empapaba bien las laitas de agua y rociaba después las ardientes llamas.

El lorito se concentró tanto en intentar apagar el fuego que no se dio cuenta de que alguien estaba observando. En lo alto del cielo, a mucha mayor altura aún de la que se encontraban los nubarrones de la tormenta, había un magnífico castillo flotando en medio del aire con unas relucientes agujas y torres que brillaban tanto como las estrellas. Los dioses de las tierras de la felicidad que vivían en él eran los que estaban observando al lorito. Al ver sus valientes acciones, sacudieron la cabeza sorprendidos.

-¿Qué es lo que este lorito azul está intentando hacer?- se preguntaron unos a otros-. ¿Acaso cree que puede apagar un incendio con tan solo unas gotitas de agua? ¡Huye volando y sálvate!- le gritaron al lorito.

Pero el corazón del lorito estaba tan lleno de amor y de lealtad hacia sus amigos, que no hizo caso del consejo de los dioses y siguió volando del rio a la selva y de la selva al rio con tanta rapidez como sus alitas se lo permitían.

Al final uno de los dioses no pudo soportarlo más y decidió intervenir. Haciendo ¡zuum! se transformó en un gran águila calva y voló hacia la parte de la selva donde el lorito estaba zigzagueando entre las llamas.

-Amiguito mío, no puedes apagar este gran incendio con tan solo unas gotitas de agua, es imposible. ¡Te ruego que te alejes volando, por tu propia seguridad! –le suplicó al lorito. –Lo siento mucho, gran águila, pero no puedo hacerlo –gritó el lorito azul- ¿No ves que mis amigos están en peligro? Los quiero mucho y si yo no intento salvarlos, ¿quién lo hará?

El lorito estaba empezando a sentirse muy cansado, los ojos le escocían por el humo y no paraba de toser, pero no se rindió. Los ardientes dedos de las llamas se extendieron más aún intentando chamuscar las hermosas plumas azules del lorito. Las patitas le dolçian de tan calientes que estaban.

-¡Ay!- gritó mientras volaba más alto intentando huir de las violentas llamas. Pero se negó a abandonar a sus amigos.

La bondadosa águila se quedó tan conmovida por la valentía del lorito azul y por la determinación y el amor que mostraba por las otras criaturas de la selva, que se echó a llorar desconsoladamente. Las lágrimas plateadas del águila cayeron como una caudalosa lluvia sobre la selva en llamas en la que estaban atrapados los pobres animales. <<¡Hisss, hisss, hisss!>> chisporroteaban las enfurecidas llamas mientras las compasivas lágrimas del águila las iban apagando una a una……hasta que la final se extinguieron todas.

El lorito no podía creer lo que estaba viendo con sus propios ojos: ¡todos los animales se habían salvado! Chillando loco de alegría, se puso a dar volteretas en medio del cielo. Y el sol al ver esta graciosa escena no pudo evitar soltar unas fuertes carcajadas.

-¡Hurra! ¡Hurra!- gritaron todos los animales vitoreándolo- ¡El lorito valiente nos ha salvado! ¡Gracias! ¡Gracias! Los negros nubarrones se alejaron sigilosamente por el horizonte y dejaron que el sol secara la selva con su cálida y resplandeciente sonrisa.

La gran águila regresó volando al castillo suspendido en medio del cielo y al llegar a él se transformo de nuevo en un dios y contempló cariñosamente cómo el feliz loro celebraba con sus amigos de la selva.

<<Quien hubiera pensado que un ave tan pequeña fuera tan valiente y decidida y que su corazoncito pudiera contener tanto amor. ¡Se merece una recompensa! –se dijo el dios-, y yo sé como premiarla.>>

El dios levantó entonces la mano y apuntó con el dedo corazón al lorito azul. Mientras los animales de la selva contemplaban la escena intrigados, una lluvia de estrellas multicolores cayó sobre el lorito y él quedó envuelto en una nube de humo. Cuando el humo desapareció, el lorito había dejado de ser azul y sus tornasoladas plumas brillaban ahora con los colores del arco iris. Y la pequeña ave brilló y relució bajo la bondadosa mirada del sol.

“A veces cuando nos enfrentamos a un gran reto, nos sentimos indefensos. Pero una persona sabia sabe que el amor y la compasión puede darle la fuerza necesaria para alcanzar aquello que creía ser imposible.” 


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Las cuatro nobles verdades

 

Las cuatro nobles verdades es la primera instrucción que dió Sidhartha Gautama como Buda. En estas cuatro nobles verdades se encierra toda la sabiduría de la tradición búdica.