jueves, 4 de agosto de 2016


Importancia de la postura en la meditación

Lo primero que tenemos que aprender es la mejor manera de sentarnos. Hay dos principios importantes que debemos tener en mente al buscar una postura adecuada para meditar.

· La postura debe permitir que te relajes y estés cómodo.

· La postura debe permitir que te mantengas alerta y atento.



Son dos principios vitales. Si estás incómodo, no podrás meditar. Si no te puedes relajar, no podrás disfrutar de la meditación y, muy importante, no podrás dejar ir los conflictos emocionales subyacentes que provocan tensiones físicas.

Al leer esto, quizá pienses que sería mejor meditar acostado. ¡Mala idea! Si te acuestas para meditar, en el mejor de los casos, tu mente se obnubilará y es posible que te quedes dormido. Si has tomado alguna clase de yoga y, al final, has hecho savasana (la postura del cadáver), ésa en la que te acuestas en el piso y te relajas, habrás notado que una tercera parte de la gente comienza a roncar a los cinco minutos.

Así que olvídalo. La mejor manera de combinar efectivamente la relajación y la atención es estar sentado. No tienes que sentarte con las piernas cruzadas, ni siquiera tienes que sentarte en el piso.

Sentarte derecho te permite abrir el pecho, para que puedas respirar con libertad y esto, a su vez, te ayuda a desarrollar y mantener un estado de atención consciente alerta, pero relajado.

Te mostraremos cómo adoptar una postura efectiva de tres maneras: sentado en una silla, sentado en un cojín o un banquito y sentado con las piernas cruzadas. Todas estas posturas son buenas. Lo importante es encontrar la que te resulte cómoda.

Recuerda: puede ser que te parezca elegante sentarte con las piernas cruzadas pero, si no tienes la flexibilidad para eso, sencillamente vas a sufrir. Sé bueno contigo mismo. Elige una postura que te acomode.


Elementos de una Buena Postura

Hay muchos modos de sentarse a meditar. Puede ser en silla, cojín, banquito; y con las piernas cruzadas en diversas maneras, desde la sencilla postura del sastre hasta el loto completo.

Insistiré en que es necesario encontrar la postura que te resulte más cómoda. Escucha a tu cuerpo. La incomodidad te distraerá de la meditación y es, asimismo, un modo en que el cuerpo te dice que algo anda mal (aunque hay que aprender a distinguir la incomodidad del estiramiento de la incomodidad del dolor dañino, cosa que quizá ya puedas hacer, pero volveremos a este punto más adelante).


En otras secciones veremos algunos errores comunes en la postura pero, por ahora, esto es lo que debes recordar cuando te acomodes para estar relajado y atento:

1. Tu columna vertebral debe estar derecha, siguiendo su tendencia natural a ahuecarse ligeramente en la zona lumbar. No debes estar muy inclinado hacia delante ni tener una exagerada curvatura en tu columna baja.

2. Tu columna debe estar relajada.

3. Tus hombros tienen que estar relajados y ligeramente hacia atrás y hacia abajo, ayudando a que el pecho se abra y que la respiración sea natural y no se constriña.

4. Tus manos deben estar apoyadas, ya sea sobre un cojín o en tu regazo, para que los brazos puedan relajarse.

5. La cabeza tiene que estar equilibrada, sin esfuerzo, sobre tu columna, con la barbilla ligeramente recogida. La nuca debe estar relajada, alargada y abierta.

6. Tu cara tiene que estar relajada, suavizando el ceño. Tus ojos relajados, igual que la quijada y la lengua. Ésta toca la parte trasera de los incisivos superiores.

Enseguida, veremos las formas más comunes en que te puedes sentar. Empezaremos con la más fácil y luego veremos algunos errores frecuentes en la postura y cómo corregirlos.

Sentado en una Silla

Comenzaremos con las posturas más sencillas. Algo que normalmente noto en los principiantes es un deseo de acomodarse en una postura que les cuesta mucho trabajo. Por supuesto, el resultado es incomodidad, distracción y hasta lesiones. Hay que ser gentil consigo mismo.

Puedes meditar perfectamente en una silla del comedor o de tu oficina. Para ajustarla, sólo tienes que elevar sus patas traseras unos cuatro centímetros. Esto le dará una inclinación hacia delante, que te permitirá sentarte derecho sin mantener rígida la espalda y sin que tengas que recargarte en el respaldo. Para ello, puedes usar algunas tablas o libros.


Es posible que el meditador en esta imagen necesite elevar las patas traseras de la silla otro centímetro y medio, de modo que pueda sentarse más derecho.

Cuando medito sentado, me gusta que sólo la base de mi columna toque el respaldo de la silla. Es mejor no recargarse en ella; pienso que esto da lugar a un bajo rendimiento. Pon las manos en tus muslos, con las palmas hacia abajo. Si puedes, coloca los pies completamente apoyados en el piso. Si tus piernas son muy largas o muy cortas en comparación con tu silla, quizá esto no sea posible. Si tus pies no llegan al piso busca algo para apoyarlos (podría ser una cobija doblada). Si tus piernas son muy largas para la silla será mejor que busques otra o que pongas un cojín en el asiento, para estar más elevado.

Algunas sillas de oficina son perfectas para meditar. Acomódala de manera que quede ligeramente inclinada hacia delante. Revisa que el respaldo haga apenas contacto con tu espalda baja. Ajusta la altura para que tus pies descansen completamente en el piso.

Hincado, uso de Cojín o Banquito

Aunque se puede meditar en una silla, no es tan satisfactorio como sentarse en el piso. De alguna manera, sentarse en el piso nos da una sensación de estar más “aterrizados”.

Es importante encontrar buenos cojines. Tienen que ser muy firmes para que no se compriman mucho al sentarse en ellos. La mayoría de los cojines y almohadas comunes ofrecen poco soporte. Sin embargo, tengo una almohada de trigo sarraceno que resulta perfecta para sentarse a meditar.


Este meditador utiliza cojines (zafus) especialmente diseñados para la práctica. Se arrodilla poniéndolos entre sus piernas. Muchas personas que se sientan en cojines requieren dos o tres, según la altura deseada.

Lo importante es quedar a buena altura. Si te sientas demasiado bajo terminarás encorvándote y esto interferirá con tu capacidad de estar atento, además de que es incomodo.

Si te sientas demasiado alto, la curva de tus lumbares será mayor y esto puede causar dolor. Cuando mantienes la columna relativamente derecha, sin tener que esforzarte para ello, puedes decir que estás a la altura correcta.

Aunque el meditador en la imagen de arriba tiene las manos sobre los muslos, te sugiero apoyarlas frente a ti (ve la sección de manos), para quitarle peso a tus hombros. Puedes ponerte otro cojín adelante para descansar las manos sobre él o puedes amarrarte en la cintura algo que sostenga tus manos. A veces, uso un suéter; amarro las mangas a mi espalda y me queda un “nido” al frente para poner las manos. También te puede servir una cobija. Amárrala firmemente alrededor de tu cintura, de modo que cubra tus piernas. Ahora, arréglala para que quede un “borde” sobre el cual puedas poner las manos.

Sentado con las Piernas Cruzadas

No todos tienen la elasticidad como para sentarse con las piernas cruzadas. ¡Yo soy uno de esos! No es necesario sentarse con las piernas cruzadas para meditar. Lo cierto es que si te fuerzas a tener una postura incómoda, a la larga, podrías dañarte las articulaciones y, por supuesto, no estarás a gusto para meditar efectivamente.

No obstante, si tú sí tienes la elasticidad aprovecha, porque sentarte con las piernas cruzadas te dará una postura muy estable y aterrizada. Hay muchas formas de hacerlo.
Postura del Sastre


La primera imagen es la postura del sastre, la más sencilla de las posturas con las piernas cruzadas. Es, asimismo, la más común entre los meditadores occidentales.

Es muy importante que apoyes las dos rodillas en el piso, para tener la estabilidad adecuada. Hay que tener tres puntos de contacto (los glúteos y ambas rodillas). ¿Cuándo has visto que un fotógrafo apoye la cámara en un “bipié”? Si no tienes ese firme apoyo sentirás tensión física, porque tendrás que esforzarte para estar derecho. Además, puedes sentir tensión en las rodillas.

Si te cuesta mucho trabajo mantener ambas rodillas en el piso puedes utilizar un cojín delgado o una bufanda doblada debajo de la rodilla, para darte estabilidad. Si tienes una o las dos rodillas separadas del piso, más de 2 ó 3 centímetros, mejor usa silla, cojines o un banquito. Ya podrás después hacer un poco de yoga para aflojar tus caderas y volver a intentar con las piernas cruzadas más adelante.

De nuevo, si tus manos no descansan de manera natural sobre tu regazo, apóyalas en un cojín o una cobija. Quizá quieras alternar el pie que queda al frente, de vez en cuando. Es buena idea, porque cualquier postura con las piernas cruzadas resulta ligeramente asimétrica. Si alternas la posición de los pies nivelarás los posibles desequilibrios y no los “incorporarás” a tu postura.

Loto y Medio Loto

Estas posturas son adecuadas sólo para quienes tienen mucha flexibilidad. Un amigo mío tuvo que operarse el cartílago de las rodillas después de forzarlas durante años, sólo para sentarse en flor de loto. Si sientes algún dolor en las rodillas o se te hace muy incómoda la postura, mejor intenta alguna de las que vimos antes.



En el loto completo, cada pie descansa sobre el muslo opuesto, con las plantas hacia el cielo (si sientes dolor en los tobillos detente y busca una postura más cómoda). En el medio loto, un pie queda sobre el muslo contrario, con la planta hacia arriba, mientras el otro está en el piso, como en la postura del sastre.

Se dice que el loto completo es la postura más estable para meditar. El que puede estar cómodo así queda cerca del suelo (lo cual, por alguna razón, parece ayudar a que uno se sienta “aterrizado”) y, además, está en una postura muy equilibrada y simétrica.


Si uno medita en sillas, cojines o banquitos, quizá tenga una postura aun más simétrica pero tendrá menos contacto con el suelo (si el hecho de no contactar tanto con el piso te intriga, trata de sentir la diferencia entre meditar en una silla y meditar en el piso).

Demasiado Inclinado hacia Delante

Si quedas muy inclinado hacia delante no podrás estar suficientemente alerta y atento al meditar. Cuando te inclinas al frente, es posible que sientas tensión en la nuca y los hombros (mira cómo, en esta foto, la nuca queda corta y apretada, en vez de estar alargada y abierta).

Hay tres causas por las que uno se va hacia el frente:

· Su asiento es muy bajo

· La inclinación de su asiento es insuficiente

· Es su tendencia natural


En la foto, el meditador tiene un asiento muy bajo. Cuando sucede esto, la pelvis se echa hacia atrás y, por eso, la espalda superior se inclina al frente, para mantener el equilibrio. Esto cierra el pecho y reduce la capacidad de respirar libremente. Si te sientas así, tenderás a sentirte obnubilado y te puedes quedar dormido si constriñes el pecho.

Otra causa por la que uno se inclina hacia adelante es que, aunque ponga el asiento a buena altura, éste está plano o no tiene una inclinación adecuada. Finalmente, a veces, echarse hacia delante sólo es una costumbre.

Después que veamos el siguiente punto, hablaremos más sobre el modo de lidiar con este problema. Lo cierto es que, con frecuencia, lo que hacemos es tratar de mantenernos derechos a fuerza de voluntad. El resultado puede ser una postura que “se ve” bien. Si estás echado hacia delante y te fuerzas para quedar derecho quizá te veas bien pero, muy pronto, esos músculos apretados sentirán dolor.

Demasiado Inclinado hacia Atrás

La inclinación excesiva hacia atrás puede deberse a que:

· El asiento es demasiado alto.

· El declive del asiento es exagerado.

· El hábito de exagerar la curvatura de la espalda.


El meditador de esta fotografía tiene un asiento demasiado alto (nota la exageración). El resultado es que la pelvis se inclina al frente. Entonces, para no caer de bruces, la persona se echa hacia atrás, con lo que produce esa exagerada curvatura en su espalda baja.

Claro que debe haber una curvatura normal, suave, en la región lumbar (conocida como lordosis), pero si la exageramos nos causará dolor. Otro motivo puede ser que el ángulo del asiento esté muy empinado (lo cual, también echa el peso hacia delante, de modo que el meditador tiene que inclinarse hacia atrás y ocasiona la curvatura excesiva). Finalmente, puedes ser que sentarse con una curvatura exagerada sea simplemente un hábito.

La solución, por lo general, puede ser adecuar el ángulo del asiento o (más común) buscar un asiento más bajo o, bien, ajustar el ángulo de inclinación de la pelvis.

La Mejor Altura del Asiento

Para evitar que te vayas demasiado adelante o atrás, necesitas que tu banquito o tu cojín tengan la altura correcta. ¿Cómo saber cuál es la altura correcta? Por supuesto, no hay un estándar para todo el mundo. La flexibilidad y la altura de tu propio cuerpo tienen mucho que ver para determinar la altura que te conviene.


El mejor modo para encontrar la altura adecuada es pedir a alguien con experiencia que te ayude a revisar tu postura y te dé su opinión.

Es muy difícil apreciar desde dentro si nuestra postura necesita modificarse.

No obstante, tenemos aquí algunos puntos en los que te puedes apoyar para decidir si tu asiento es demasiado alto o bajo:

· Evalúa si no te estás forzando a mantener lo que supones una “buena” postura.

· ¿Cómo te sientes?

· Cuando te relajas, ¿Notas que te inclinas hacia delante?

· Con las manos siente tu espalda, a la altura de la espina lumbar.

· ¿Te parece que la lordosis es exagerada (de modo que estás echado hacia atrás)?

· ¿O tu espalda baja se siente plana o, incluso, convexa, (te vas hacia delante)?

· ¿Sientes que la lordosis es normal cuando te relajas (lograste una buena postura)?

Inclinación del Asiento

Si estás en un asiento plano (ya sea silla o banquito), tenderás a echarte hacia delante, con todos los problemas que eso acarrea. El asiento debe tener una ligera inclinación hacia el frente, para que puedas sentarte derecho sin ningún esfuerzo. Como ya dijimos, si te sientas en silla puedes darle la inclinación correcta colocando unos bloques de 3 a 4 centímetros debajo de las patas traseras.


Lo mismo puedes hacer si usas cojines. Si te sientas en la parte trasera del cojín, tu pelvis se inclinará hacia atrás y terminarás echando el cuerpo hacia delante. Para poder darle una ligera inclinación hacia el frente a tu cojín, necesitas poner tu peso en la parte frontal.

En cambio, si tu silla o banquito están demasiado empinados, tu peso tenderá a irse al frente, lo que ocasionará una lordosis exagerada.

Lo ideal es que, por un tiempo, pruebes el banquito. Después de algunas meditaciones de treinta minutos sabrás si es lo que te conviene.

Notar los Malos Hábitos

Cuando alguien tiende a echarse demasiado al frente o atrás, por lo general, se debe a que le da a su pelvis una inclinación inadecuada. Son problemas que, a veces, se pueden corregir con tan sólo cambiar de postura. Lo mejor es que te observe un maestro experto pero, si no tienes esta opción, hay algunas pruebas que puedes llevar a cabo.


Desliza tus manos por debajo de tus nalgas (¡apuesto a que no pensaste que meditar sería tan divertido!). Hay dos huesos que sobresalen hacia abajo; los maestros de meditación los llamamos “huesos de sentarse”. Seguro que hay un término anatómico más correcto, pero nos servirá llamarlos así. Si la parte superior de tu pelvis se ladea hacia delante (ocasionando una lordosis exagerada), los huesos de sentarse se estarán deslizando hacia la parte trasera de tus manos. Si, en cambio, ladeas la pelvis hacia atrás (haciendo que la espalda se eche para delante), los huesos de sentarse se estarán deslizando hacia el frente de tus manos. Cuando tienes la pelvis bien alineada, los huesos de sentarse apuntan directo al centro de tus manos (o de tu asiento, ¡ya que quitaste las manos!).

Lo que queremos es que tus huesos apunten directo hacia abajo y que, al mismo tiempo, tu espalda se relaje y esté cómoda. Puedes lograrlo cuando tu asiento tiene la altura correcta. Para ello, prueba diferentes alturas de cojines o de lo que elijas y nota cuando se relaje bien tu espalda y tus huesos de sentarse apunten directo hacia abajo.

Otra prueba es repetir el ejercicio de inclinar la pelvis atrás y adelante, pero pon las manos en la espalda baja, observando cómo se va para delante cuando echas la pelvis hacia atrás y se curva exageradamente si haces la pelvis para delante. Cuando tus huesos de sentarse apuntan directo hacia abajo y tu asiento tiene la altura y la inclinación correctas, entonces, tu espalda baja tendrá ese ligero hueco perfectamente cómodo.

Hombros

Si queremos crear buenas condiciones para estar atentos, necesitaremos un pecho abierto, que nos dé sensación de espacio al frente, entre los hombros. Puedes preparar ese sentido de espacio si haces unas cuantas respiraciones profundas y llenas de aire la parte superior del tórax. Conforme inhales, se elevará el frente de tu cuerpo (ve la flecha en esta foto). Siente la apertura de tu tórax y, a la vez, relaja los hombros, dejándolos caer hacia atrás (como muestra la flecha detrás de este meditador).


Si, mientras estás sentado, sientes que tus hombros se estiran, quizá necesites apoyar tus manos más alto.

Al meditar, es posible que sientas que tus hombros suben y bajan cada vez que inhalas y exhalas. Si te sintonizas con las sensaciones de tus hombros cayendo con la exhalación, podrás hacer que se relajen más profundamente.

Manos


Los brazos pesan mucho. Si no tienes las manos apoyadas, tus hombros tendrán que cargar todo ese peso. Eso quiere decir que se tensarán por estar cargando o que los músculos del hombro se estirarán demasiado. Sea lo que pase, resultará incómodo.


Revisa que tus manos estén apoyadas. Si estás sentado con las piernas cruzadas, entonces podrás apoyar las manos cómodamente en el regazo. Sin embargo, es posible que quieras ponerlas más en alto. Esto permitirá que tus hombros rueden mejor hacia atrás y se relajen más. Si estás en una silla, lo normal será que pongas las manos en los muslos, pero quienes tienen la espalda más larga necesitarán apoyar las manos en algo. Si estás hincado, en cojín o banquito, necesitarás tener una buena base para las manos. Puede servir otro cojín, o un suéter o una cobija, algo que ates alrededor de tu cintura. Si sientes algún dolor entre los omóplatos, prueba apoyando las manos arriba del nivel del ombligo.

Cabeza

Es muy importante la posición de la cabeza. Debe estar equilibrada, que casi parezca flotar sin esfuerzo sobre la punta de tu columna vertebral. Imagina que tu coronilla está colgada del hilo de un globo que sube y la eleva. Tu barbilla debe estar ligeramente recogida y la nuca alargada y relajada. Al meter la barbilla siente cómo los músculos de la nuca se relajan y se alargan.


Si metes demasiado la barbilla y tu cabeza se agacha, quizá tiendas a sentirte adormilado, o puedes caer en ciclos repetitivos de emociones, normalmente no muy positivas.

Si echas la cabeza muy atrás, de modo que tu barbilla se eleve, notarás que tiendes a ponerte pensativo y un poco “acelerado”.

Pero cuando recoges bien la barbilla, puedes estar al tanto de tus pensamientos y de tus emociones sin perderte en ninguno de ellos.

Una Lista para Revisar la Postura

1. Ajusta la altura de tu cojín, de modo que tu espalda se encuentre relativamente derecha, pero relajada.

2. Revisa que tus manos estén bien apoyadas.


3. Relaja los hombros; deja que caigan hacia atrás para que tu pecho se abra.

4. Acomoda el ángulo de la cabeza, para que tu nuca esté relajada, alargada y abierta. Que tu barbilla quede ligeramente recogida

5. Deja que se cierren tus ojos.

Ahora, ya estás listo para trabajar la atención consciente al cuerpo y la relajación.

Conciencia del Cuerpo y Relajación.

Es vital estar consciente del cuerpo mientras meditas. No es algo ajeno a la meditación y tampoco es opcional. Es parte integral del proceso de la meditación. Si deseas meditar bien, es necesario que dediques unos minutos a la postura y a llevar tu atención por todo el cuerpo. Mientras más atención le pongas, al principio de la meditación, mejor será tu práctica. De otro modo, será como tratar de hacer un pastel sin tomarte la molestia de mezclar antes los ingredientes y sin revisar que el horno tenga la temperatura adecuada.

Acomoda tu postura

Una vez que hayas revisado tu postura, usando la guía de las páginas anteriores, puedes comenzar a llevar tu atención por todo el cuerpo.


Conciencia del cuerpo y relajación

Empieza por hacerte consciente de los pies y de su contacto con el piso. En verdad, deja que tus pies se llenen de tu atención. Mientras más consciente estés de tus pies, mejor se relajarán. Deja que los músculos se suavicen y se aflojen.

Dedícales uno o dos minutos y, luego, lleva tu atención al resto del cuerpo. Al pasar por cada músculo deja que se afloje. Hazte consciente de tus piernas, tus muslos, tus caderas, tu espalda, tus hombros, tus brazos, tus manos, tu nuca, tu cabeza y tu cara. Cada vez que tomes conciencia de alguna parte del cuerpo, suavízala, relájala y “déjate ir”.

Nota el cambio sutil en la calidad de tu experiencia cuando te has hecho consciente y luego te relajas. Con frecuencia, notarás que sientes más energía o un estremecimiento o, incluso, sentimientos de placer cada vez que se relaja tu cuerpo.

Pon especial atención a estas partes del cuerpo, donde suele acumularse la tensión:

· La nuca

· Los hombros

· Las caderas

· Los muslos y las pantorrillas

Después de recorrer tu cuerpo, toma conciencia de él en su totalidad. Luego, lleva la atención al vientre y siente cómo se mueve, tranquila y rítmicamente, cada vez que inhalas y exhalas.

Relájate, suavízate, déjate ir. Ahora, estás listo para empezar a meditar. De hecho, ya comenzaste.

miércoles, 16 de diciembre de 2015



Mindfulness - Meditación de Atención Consciente (6)


La práctica

Aunque son muchos los posibles objetos de meditación, mi recomendación es utilizar la práctica de concentración en la respiración hasta desarrollar cierto grado de concentración básica. No se trata de practicar una técnica de absorción profunda o de concentración pura. Se trata de cultivar la atención plena que culmina con en la visión profunda y la sabiduría para comprender la realidad tal cual es. Se trata de conocer con detalle el funcionamiento del complejo cuerpo – mente, se trata en suma de desembarazarte de toda perturbación psicológica para el logro de una vida tranquila y feliz.

Cuando observamos el funcionamiento ordinario del complejo cuerpo-mente, tendemos a ignorar las cosas que nos desagradan y a aferrarnos a aquellas que nos gustan. Esto es así porque nuestra mente suele estar influenciada por el deseo, el odio, el engaño, etc. Nuestro ego, nuestra identidad y nuestras opiniones se interponen en nuestro camino y tiñen nuestro juicio. 

Cuando observamos atentamente nuestras sensaciones corporales, no debemos confundirlas con las formaciones mentales. Al cabo de un rato de estar sentados es muy posible que surjan una serie de sensaciones de incomodidad en nuestra espalda o en las piernas. Nuestra mente experimenta de inmediato esa incomodidad y elabora, al respecto, numerosos pensamientos que debemos observar con mucha atención. La sensación es uno de los siete factores mentales universales. Los otros seis son el contacto, la percepción, las formaciones mentales, la concentración, la fuerza vital y la conciencia. 

FACTORES MENTALES UNIVERSALES 

1 Sensación 

2 Contacto 

3 Percepción 

4 Formaciones mentales 

5 Concentración 

6 Fuerza vital 

7 Conciencia 

En otras ocasiones pueden presentarse emociones, como el resentimiento, el miedo, la preocupación, etc., en cuyo caso, debemos observarla tal cual es, sin confundirla con ninguna otra cosa. Cuando consolidamos los diferentes agregados de forma, sensación, percepción, formaciones mentales y conciencia en una sola entidad a la que tomamos por una sensación, nos confundimos puesto que la fuente de sensación permanece oculta. Si permanecemos sencillamente en la sensación, sin diferenciarla del resto de los factores mentales, resulta muy difícil comprender la verdad. 

La práctica de la atención plena o Mindfulness, nos obliga a ser completamente sinceros con nosotros mismos, porque solo conociendo nuestras deficiencias podremos mejorar. Mejorar es el único camino que nos acerca a la perfección, que es nuestro objetivo en la vida. Si queremos superar nuestros defectos, debemos antes saber cuáles son. Solo de ese modo podremos superar las debilidades y abrir las puertas para el cultivo de las nobles cualidades que se hallan profundamente enterradas en nuestra mente subconsciente. 

Lo cierto es que, si estamos enfermos, debemos descubrir la causa de nuestra enfermedad. Solo entonces estaremos en condiciones de aplicar el adecuado remedio. Si pretendemos no estar nunca enfermos, jamás podremos, por más que suframos, recibir el tratamiento adecuado. Si, del mismo modo, nos creemos libres de esas faltas, jamás limpiaremos nuestro camino espiritual. Si estamos ciegos ante nuestras debilidades, necesitaremos que alguien nos las señale estándole muy agradecidos por ello. 

Nuestro objetivo 

Nuestro objetivo con respecto a la práctica de meditación es el de alcanzar la perfección de todas las cualidades nobles y sanas que permanecen latentes en nuestra mente subconsciente. Y son cinco los elementos que componen este objetivo: 

1 La purificación de la mente 

2 La superación de la tristeza y de las lamentaciones 

3 La superación del dolor y la aflicción 

4 Avanzar por el camino correcto que conduce hasta la paz eterna 

5 Obtener la felicidad que ese camino proporciona 

Por lo tanto debemos dar un paso hacia adelante, sin olvidar este quíntuple objetivo, con la esperanza y la seguridad de alcanzar la meta.

martes, 10 de noviembre de 2015


36 AÑOS DESPUÉS


Hace36 años, en 1979 y cuando yo tenía 18 años, en los albores de todo un movimiento social de pensamiento, movimiento hippie, militancias políticas y sociales, objeción de conciencia y antimilitarismo, e inquietudes filosóficas y espirituales, un amigo de Murcia me invitó a una charla que daba una monja zen en un lugar de la sierra de Murcia. En aquél momento la meditación comiendo como el sentarse en un zendo y no hacer nada, tan solo respirar sentado de cara a la pared, me pareció un tostón mayúsculo.
Con 18 años
Al año siguiente volvieron a invitarme a pasar una noche en una cabaña en el mismo lugar. La cabaña se encontraba en lo más profundo de la sierra, solitaria y escondida entre el bosque de pinos. Lo gestionaban unos sacerdotes católicos, que curiosamente eran practicantes zen, y además de la cabaña existía una casa antigua con comedor y alguna habitación, así como un zendo para meditación y dos casitas de aproximadamente 6 m2 en las que vivían como ermitañas dos monjas católicas. Aquello lo asumí como parte de mi preparación para aprender a estar solo ya que mi intención era marcharme de casa de mis padres y buscar la independencia viajando como hippie y viviendo en comunas agrícolas y autárquicas.
En el centro casas de oración
Al igual que la experiencia el año anterior con la monja zen, aquello me pareció insostenible, pase más miedo que un tonto yo solo, aislado del resto del mundo en aquella cabaña austera y sin nada, e imaginando en la negrura de la noche que cualquier ruido o sonido significaba que alguien vendría a comerme. Mi único deseo en aquel momento era que amaneciera para marcharme de aquel lugar lo más rapidamente posible, ni que decir que no pegue ojo en toda la noche, una noche de vigilia e interminable hasta que empezó a amanecer y salí de allí “escopetao”, como se suele decir.
Casas de oración


Nunca volví a aquel lugar hasta este fin de semana pasado, 36 años después. Unos amigos, compañeros de darma, me invitaron a realizar un retiro de silencio de tres días, y el componente de realizarse en aquel lugar fue un valor añadido a la experiencia de tomar contacto con el silencio interior de uno mismo, y el de compartir ese silencio con los demás.
Ermitas

Curiosamente al llegar al lugar los recuerdos empezaron a bombardear mi cabeza, todo seguía igual, las casitas de las monjas, el zendo, la casa grande con el comedor y la cocina, el bosque. 

Luis es la persona que mantiene este sitio encantador y mágico, y no me pude resistir a comentarle que 36 años antes yo había estado allí, y pregunté si seguía existiendo aquella casita cueva en la que pasé aquella noche tan larga y negra, y mi sorpresa fue descubrir que efectivamente seguía allí, así que me facilitó la llave y salí en busca de aquel lugar, me introduje en el sendero y caminando los recuerdos surgían incesantemente, veloces e intensos, hasta que de pronto observé la
Zendo, lugar de meditación
estructura semioculta, el tejado con la cubierta de tierra y las pequeñas plantas que crecían en él, las paredes de piedra, el geranio a la derecha de la puerta que habiendo sido podado múltiples veces todavía seguía allí con sus flores, increíble y emocionante. Al introducir la llave y un momento antes de empujar la puerta para abrirla, me contuve un instante recordando la disposición de su interior para poder comprobar si seguía todo igual, y cuál fue mi sorpresa descubrir que efectivamente, todo seguía igual, a la derecha el camastro, a la izquierda una vieja silla de mimbre, la chimenea tapiada, y una
Senda a la casa cueva
repisa en la que habían depositado una pequeña cruz y alguna vela. En ese momento me vino a la cabeza que la impermanencia y la transitoriedad se habían olvidado de aquel lugar, hasta la colcha sobre el camastro parecía la misma. El lugar estaba exento de este principio tan humano y tan uviversal, “todo pasa, nada es para siempre”. En ese momento giré la cabeza hacia la izquierda, en la pared había un pequeño espejo y al verme reflejado se me encendió la lucecita, ¿que no existía la transitoriedad y la impermanencia?, jejeje.

Casa cueva para retiros
Al final tuve la experiencia que en lo más profundo nada seguía igual, desde la calma, desde la paz interior y la tranquilidad, la transitoriedad e impermanencia son leyes universales de las que nada ni nadie escapa.
Interior de la casa cueva

lunes, 26 de octubre de 2015


Mindfulness - Meditación de Atención Consciente (4)

La actitud ante la práctica meditativa.

La mente es un conjunto de eventos en lo que el observador interviene cada vez que mira en su interior. La meditación es una observación participativa, y lo que vemos es una respuesta al proceso de nuestra misma observación. Cuando nos vemos a nosotros mismos, lo que vemos también depende del modo en que lo observamos. Así pues, el proceso de la meditación es extraordinariamente delicado, y su resultado depende fundamentalmente del estado mental del meditador. Las siguientes actitudes son esenciales para el éxito de la práctica.

1º.- No esperes nada especial. Siéntate sencillamente a observar lo que sucede. No te pongas nervioso por ningún tipo de resultado. La conciencia meditativa trata de ver la realidad exactamente tal cual es. Independientemente de que se corresponda o no con nuestras expectativas. Despójate, durante la meditación, de todas tus imágenes, opiniones e interpretaciones porque, de otro modo, acabarán convirtiéndose en un obstáculo.

2º.- No fuerces. No fuerces nada ni hagas tampoco esfuerzos exagerados. La meditación no es agresiva. Que el empeño sea, en este sentido, perseverante y relajado.

3º.- No te apresures. No hay ninguna prisa, de modo que tómate el tiempo necesario. Siéntate en el cojín como si dispusieras de todo el día. Las cosas realmente valiosas necesitan tiempo para desarrollarse. Paciencia, paciencia y más paciencia.

4º.- No te aferres a nada ni rechaces nada. Acepta todo lo que se presente y, sea lo que sea, adáptate a ello. Está bien si aparecen imágenes mentales positivas y también está bien si aparecen imágenes negativas. Siéntete cómodo con todo lo que suceda, y contémplalo con ecuanimidad. No luches con tu experiencia. Obsérvala sencillamente con plena conciencia.

5º.- Suelta. Aprende a fluir con todos los cambios que se presenten. Aflójate y relájate.

6º.- Acepta todo lo que se presente. Acepta tus sentimientos, aun aquellos que te desagradan. Acepta tus experiencias, incluidas las que más te molesten. No te condenes por tus errores ni por tus fracasos humanos. Ejercita la aceptación desinteresada de todo lo que experimentes.

7º.- Sé amable contigo. Se bondadoso contigo mismo.

8º.- Investígate a ti mismo. Duda de todo. No des nada por sentado. No creas en lo que escuches por el mero hecho de que te parezca sabio o piadoso o porque lo haya dicho un hombre sabio. Contempla las cosas por ti mismo. No significa que adoptemos una actitud cínica, imprudente o irrespetuosa, sino tan solo que la actitud debe ser empírica. Somete cualquier afirmación a la prueba de tu propia experiencia, y deja que los resultados sean tu guía hacia la verdad.

9º.- Contempla todos los problemas como retos. Considera las cosas negativas que se presenten como una oportunidad para desarrollarte y aprender. Si surge un problema, perfecto. Todo es útil. Alégrate y sumérgete en él e investiga.

10º.- No reflexiones. No tienes que deducir nada. El pensamiento discursivo no te liberará de la trampa. La mente se purifica durante la meditación, gracias a la atención plena y desnuda, más allá de las palabras. Lo único que necesitamos es la percepción clara y no conceptual de lo que son y del modo en que funcionan.

11º.- No subrayes las diferencias. Las diferencias entre las personas existen, pero centrarte en ellas es un proceso peligroso que, tratado de una forma inadecuada, desemboca directamente en el egoísmo. Comparamos nuestro aspecto, éxitos, logros, riqueza, posesiones y coeficiente intelectual con los demás, lo que desemboca en el estado consiguiente de enajenación, distanciamiento interpersonal y malos sentimientos.

La tarea del meditador consiste en acabar con este inútil hábito. Así, en lugar de centrarse en las diferencias que le separan de los demás, el meditador se adiestra en reconocer las similitudes que le acercan a ellos. Para ello centra su atención en los factores universales a toda forma de vida, es decir, en las cosas que nos unen. De ese modo, las comparaciones, si las hay, no despiertan sentimientos de enajenación, sino de fraternidad.

El procedimiento recomendado es el siguiente: cuando percibimos cualquier objeto sensorial, no nos ocupamos de él del modo egoísta habitual, sino que nos centramos, en su lugar, en el mismo proceso de la percepción. Observamos la reacción que provoca en nuestros sentidos y en nuestra percepción. Observamos las sensaciones que emergen y la actividad mental que le sigue. Observamos los cambios que, como resultado, se producen en nuestra conciencia.

La percepción inicial puede movilizar sensaciones agradables, desagradables o neutras. Este es un fenómeno universal que ocurre en la mente, y que debemos ver muy claramente. Son varias las reacciones que pueden acompañar a esas sensaciones. Podemos sentir codicia, deseo sexual o celos. Podemos sentir miedo, preocupación, inquietud o aburrimiento. Esas reacciones son también universales. Debemos sencillamente advertirlas y generalizarlas. Debemos darnos cuenta de que esas reacciones son respuestas humanas normales y pueden en consecuencia, aparecer en cualquiera de nosotros. Entonces es cuando como resultado de todo ello, nos convertimos en personas mucho más comprensivas. Ya no nos molestan tanto los “defectos” de los demás. Así es como nos acercamos y armonizamos con toda forma de vida.

"El libro del Mindfulness", Bhante Henepola Gunaratana. Edit. Kairos - 2012
"Mindfulness para la felicidad", Ruth A. Baer. Edit. Urano - 2014

jueves, 8 de octubre de 2015




Mindfulness - Meditación de Atención Consciente (3)

¿Qué es la meditación? 

Casi todas las culturas del planeta han generado algún tipo de práctica mental a la que podríamos calificar como meditación. 

Dentro de la tradición judeocristiana existen dos prácticas llamadas oración y contemplación. La oración se dirige hacia una entidad espiritual, mientras que la contemplación, por su parte, consiste en pensar de manera consciente, durante un tiempo prolongado, sobre un determinado tema, habitualmente un pasaje de las escrituras o un ideal religioso. Ambas son, desde un punto de vista del cultivo mental, prácticas de concentración porque, en ellas, el torrente habitual de pensamientos queda circunscrito y la mente se encauza hacia una dimensión de operación consciente. Estas prácticas provocan los mismos resultados que las prácticas de concentración, es decir, una calma profunda, una ralentización fisiológica del metabolismo y una sensación de paz y bienestar.

De la tradición hindú viene la meditación yógica o trascendental, que también es fundamentalmente concentrativa. Su ejercicio básico tradicional consiste en centrar la mente en un solo objeto.

En la tradición budista se valora también muy positivamente la concentración, pero le añade un elemento nuevo y muy importante, la conciencia. El objetivo de toda meditación consiste en desarrollar la conciencia utilizando la concentración como herramienta dirigida hacia ese objetivo. Hay tradiciones en las que se utilizan dos caminos diferenciados; El primero de ellos consiste en sumergirse directamente en la conciencia mediante la fuerza de la voluntad. Uno se sienta y sencillamente se sienta, es decir, se despoja de todo excepto de la pura conciencia de estar sentado. El segundo enfoque consiste en sacar la mente del pensamiento consciente y ubicarla en un estado de conciencia pura.

Otra vía meditativa corresponde a entender que el pensamiento consciente es, al menos en el sentido en que habitualmente lo utilizamos, una manifestación del ego, es decir, del “yo” que creemos ser. Se trata de alcanzar la conciencia pura destruyendo esta imagen del ego, y lo logra a través del proceso de visualización. Al meditador se le proporciona una determinada imagen u objeto sobre la que meditar, y debe hacerlo abandonando completamente su identidad, y revistiéndose de la nueva hasta acabar transformándose en ella misma.

Vipassana es la más antigua de todas las prácticas meditativas, y consiste en el cultivo directo y gradual de la atención plena o de la conciencia pura. La atención del meditador se ocupa de examinar cuidadosamente los diferentes aspectos de su propia existencia y se entrena en la toma de conciencia de su experiencia vital.

Es una escucha atenta, una mirada atenta y una observación atenta que nos enseña a oler y tocar plenamente, y a prestar atención verdadera a los cambios que se producen en todas nuestras experiencias. De ese modo, aprendemos a escuchar nuestros pensamientos sin quedarnos atrapados en ellos.

El objetivo del Mindfulness o Vipassana consiste en aprender a ver las verdades de la impermanencia, la insatisfacción y la ausencia de identidad de los fenómenos, así como de darnos cuenta de que no nos damos cuenta.

El proceso de Mindfulness nos ayuda a cobrar conciencia. Entonces despertamos a lo que la vida es, más allá del incesante desfile de subidas y bajadas. Además es una forma de entrenamiento mental que te enseña a experimentar el mundo de un modo completamente nuevo, dándote cuenta por primera vez de lo que realmente está sucediendo en ti, a tu alrededor y en tu interior. Empleando una modalidad especial de percepción llamada atención plena, aprendemos a ver la realidad tal cual es.

Normalmente no vemos lo que se encuentra ante nosotros, sino que contemplamos la vida a través de un filtro de pensamientos y conceptos que erróneamente tomamos por la realidad. Y la verdadera satisfacción solo llega cuando relajamos el deseo compulsivo de comodidad. Cuando dejamos de correr en busca de gratificación asoma la verdadera belleza de la vida.

Muchas veces hemos comentado y asentido haciendo referencia, a que los seres humanos vivimos de un modo muy peculiar. A pesar de que, a nuestro alrededor, todo esté cambiando de continuo, vivimos como si las cosas fueran permanentes. El proceso del cambio es constante y eterno, y tampoco prestamos la adecuada atención a esto, hasta que un buen día, sin embargo, nos damos cuenta de que nuestro cuerpo está decrépito, duelen las articulaciones, las rodillas, las cosas de nuestro alrededor han envejecido y deteriorado, entonces nos lamentamos. Pero ¿de dónde viene todo ese dolor? De nuestra falta de atención, porque fuimos incapaces de observar directamente la vida. Fracasamos en advertir mientras sucedía, el continuo flujo del mundo. Levantamos un complejo conjunto de construcciones mentales – “yo”, “el libro”, “el edificio”, etcétera, creyendo que se trataba de entidades sólidas y reales y suponiendo que durarían siempre. Ahora tenemos la oportunidad de conectar con el cambio continuo y aprender a percibir la vida como un flujo de cosas condicionadas. 

Pero lo que aprendimos, también puede ser desaprendido. Y el primer paso consiste en darnos cuenta de lo que hacemos mientras lo estamos haciendo, es decir, consiste en dar un paso atrás y observar en silencio.

Los seres humanos tenemos, según la visión de algunas tradiciones de meditadores, una percepción de la vida equivocada, tomamos la causa del sufrimiento como si de la felicidad se tratara. La causa del sufrimiento es el síndrome del deseo y la aversión. Apenas aflora una percepción – que puede ser cualquier cosa, desde una hermosa muchacha hasta un hombre apuesto, un velero, el aroma del pan recién salido del horno o un camión dirigiéndose hacia nosotros a toda velocidad-, lo primero que hacemos es reaccionar al estímulo asociándolo a una sensación. 

Pongamos por ejemplo el caso de la preocupación. Nos pasamos la vida preocupándonos. Pero la preocupación es un proceso que discurre atravesando una serie de pasos. La ansiedad no es tan solo un estado de la existencia, sino un proceso, y tenemos que contemplar el inicio mismo de este proceso, sus estadios iniciales, antes de que cobre fuerza. 

El primer eslabón de la cadena de la preocupación es la reacción de identificación o rechazo. Apenas aflora en nuestra mente un fenómeno, tratamos inmediatamente de aferrarnos a él o rechazarlo. Esto es lo que pone en marcha la respuesta de preocupación. Afortunadamente, siempre llevamos con nosotros una herramienta – llamada meditación – a la que podemos recurrir para poner fin a ese proceso.

La meditación Vipassana nos enseña a contemplar con gran precisión nuestros procesos perceptuales. Nos enseña a observar, de un modo sereno e imparcial, la emergencia del pensamiento y de la percepción. Nos enseña a ver nuestras reacciones sin quedarnos atrapados en ellas. Así es como va desvaneciéndose gradualmente la naturaleza obsesiva del pensamiento. Y este distanciamiento de la naturaleza obsesiva del pensamiento nos proporciona una nueva visión de la realidad; “ver las cosas como realmente son”.

La práctica meditativa es un ejercicio que nos abre a un conjunto de prácticas graduales por las que accedemos a una nueva visión de la realidad tal como es. Esta nueva realidad va acompañada de una nueva visión del aspecto más central de la realidad, es decir el “yo”. Una inspección más detenida revela que hemos hecho con el “yo”, lo mismo que con todas las demás percepciones, tomar un torbellino continuo de pensamientos, sentimiento y sensaciones y consolidarlo como una construcción mental. Después le añadimos una etiqueta que dice “yo” y, separándolo de todo lo demás, lo hemos tratado como una entidad estática y duradera. 

Ignoramos nuestra conexión inherente con todo y decidimos que “yo” tengo que conseguir más cosas para “mi”.

El universo entero cambia cuando se disipa la ilusión de ese concepto. Pero no es algo fácil de conseguir, no es algo que se puede lograr de la noche a la mañana. Puesto que hemos estado toda la vida creando ese concepto y reforzándolo, con el paso de los años, con cada pensamiento, cada palabra y cada acción, no podemos esperar que se evapore en un instante.

El concepto del “yo” es un proceso. Es algo que creamos de continuo. Vipassana nos enseña a darnos cuenta de lo que estamos creando y de cuándo y cómo lo creamos.

El meditador que siga el camino hasta el final, logrará una salud mental perfecta, un amor puro hacia todo lo que vive y la cesación completa del sufrimiento.

Los beneficios son inmediatos y van acumulándose con el paso del tiempo. Cuanto más te sientas a meditar, más aprendes sobre la naturaleza real de la existencia. Cuantas más horas pasamos meditando, mayor es nuestra capacidad para observar atentamente cada impulso, cada intención, cada pensamiento y cada emoción tal y como se presenta en nuestra mente.

No existe regla obligatoria alguna a la que debamos atenernos, más que nuestro deseo de contemplar la cualidad verdadera de la vida, y de enriquecer nuestra existencia y la de los demás.

La meditación Mindfulness o Vipassana es fundamentalmente experimental, no teórica. No se trata de que te sientes a tener pensamientos sublimes sobre la vida, de lo que se trata es de vivir. Por ello se dice que la meditación Vipassana consiste, más que cualquier otra cosa, en aprender a vivir.

"El libro del Mindfulness", Bhante Henepola Gunaratana. Edit. Kairos - 2012
"Mindfulness para la felicidad", Ruth A. Baer. Edit. Urano - 2014

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Mindfulness - Meditación de Atención Consciente (2)

¿Qué no es la meditación?
 
Dado que existen muchas ideas respecto a la meditación, algunas muy precisas y exactas, y otras realmente inapropiadas, las hay que pertenecen a diversos sistemas de meditación pero no tienen mucho que ver con la práctica del Mindfulness, ligada históricamente a las prácticas vipassanas de las tradiciones budistas, convendría antes de seguir, aclarar o limpiar nuestros circuitos neuronales para que la nueva información pueda circular sin impedimentos.
 
Mindfulness no enseña a observar el funcionamiento de la mente desde una perspectiva serena y objetiva, que nos ayuda a profundizar en nuestra propia conducta. Su objetivo es agudizar nuestra conciencia hasta que sea lo suficientemente intensa, concentrada  y afinada como para penetrar en el funcionamiento interno de la realidad de las cosas o de los fenómenos.
 
Como son muchos los malentendidos existentes respecto a la meditación, vamos a tener en cuenta algunos de estos errores que podrían obstaculizar nuestra progresión o avance.
 
1: La meditación NO es únicamente una técnica de relajación.
 
Aunque la relajación es una meta clave en la práctica meditativa, Mindfulness apunta hacia un objeto mucho más elevado. Se trabaja la concentración por su importancia en la disciplina mental, depositando nuestra atención sobre un objeto o un pensamiento. La relajación y la concentración son condicionantes necesarios de la conciencia. El objetivo del Vipassana o Mindfulness es la visión profunda por la que se aspira a la purificación y transformación de nuestra vida cotidiana.
 
2: La meditación NO es una forma de trance.
 
Aunque en algunos sistemas de meditación se hable de entrar en trance durante la práctica meditativa, no es ese nuestro caso. La meditación Vipassana o Visión Profunda no es una forma de hipnosis. No pretende dejar la mente en blanco hasta alcanzar la inconsciencia, ni convertirnos en vegetales despojados de emociones. Se trata, más bien, de todo lo contrario, de conectar más profundamente con nuestros cambios emocionales.
 
3: La meditación NO es una práctica misteriosa que no puede ser entendida.
 
La meditación tiene que ver con niveles de conciencia mucho más profundos que el pensamiento conceptual. Aunque algunas experiencias meditativas no puedan ser descritas con palabras, ello no significa que no puedan ser entendidas.
 
La meditación Mindfulness es algo que debe ser experimentado, más que ser razonado o interpretado. Tampoco es una fórmula que automáticamente nos proporcione resultados predecibles, porque resulta imposible predecir exactamente lo que sucederá durante una determinada sesión. Cada sesión es una investigación, un experimento y una aventura.
 
Aprender a contemplar cada instante como si fuera el primero y único del universo, es esencial para la práctica de la meditación.
4: El objetivo de la meditación NO es el promover experiencias paranormales.
 
El objetivo de la meditación es el de desarrollar la conciencia. La meditación no aspira a desarrollar la telepatía ni la levitación. Su objetivo es la liberación, no obstante es cierto que existe un vínculo entre los fenómenos paranormales y las prácticas meditativas, pero se trata de una relación bastante compleja. Durante los primeros estadios de la práctica meditativa, es posible que se manifiesten determinados fenómenos, comprensiones intuitivas, etc. Se trata de fenómenos que no deben ser considerados como capacidades psíquicas fiables, razón por la cual no hay que concederles demasiada importancia.
 
Ya que se trata de fenómenos muy atractivos, pueden resultar muy peligrosos para los principiantes al poder convertirse en un señuelo para el ego al alejarte del camino real. Por lo tanto lo mejor que podemos hacer es no prestarles demasiada atención. Si aparecen está bien, y si no aparecen también está bien.
 
5: La meditación NO es peligrosa y no hay porque evitarla.
 
Es posible que al meditar tengamos que enfrentarnos en algún momento a algunas cuestiones desagradables de nuestro pasado. Cuestiones reprimidas que pueden llevar enterradas mucho tiempo pueden aflorar y asustarnos. Pero el proceso meditativo también puede resultar muy provechoso. El modo más adecuado de enfrentarte al peligro consiste en saber lo peligroso que es, donde es más probable encontrarlo, y de qué modo debemos, si aparece, enfrentarnos a él. Por eso la práctica de Mindfulness o Vipassana, tiene que ver con el desarrollo de la conciencia ya que el aumento de ésta es la mejor salvaguarda contra el peligro emocional.
 
6: La meditación NO es una forma de escapar de la realidad.
 
Precisamente la meditación consiste en sumergirnos de lleno en la realidad. Vipassana es una práctica concebida precisamente para enfrentarse a la realidad, para experimentar plenamente la vida tal cual es, y para enfrentarse a todo lo que uno encuentra.
 
La meditación Vipassana no consiste en el intento de olvidarse de uno mismo y ocultar los problemas, sino en aprender a vernos exactamente tal cual somos y aceptarlo plenamente. Solo entonces podremos cambiar.
 
7: La meditación NO es un método para alcanzar el éxtasis.
 
Aunque en algún momento la meditación pueda producir un sentimiento de éxtasis amoroso, este no es su objetivo, ni tampoco es algo que ocurra siempre. El objetivo principal de Vipassana es el de aumentar la conciencia, el ser consciente. Una situación de éxtasis puede ser el resultado de la relajación, y la relajación consiste en la liberación de la tensión. Por lo tanto debe quedar claro que el éxtasis no es el objeto principal de la meditación, y aunque apareciese, debe ser considerado como un subproducto de la práctica, o como un efecto colateral placentero, cuya frecuencia de aparición aumentará en la medida en que uno medita.
 
 
 
8: La meditación NO es una actividad egoísta.
 
Aunque pueda parecer que el meditador está ahí sentado en un cojín, sin hacer nada, y puedan aparecer en la mente de quienes los contemplan pensamientos o preguntas como ¿acaso esta donando sangre? No, ¿Está ayudando a las víctimas de alguna catástrofe? No. La intención del meditador es la de limpiar su mente del miedo, los prejuicios y la hostilidad, y surge en él el compromiso activo de desembarazarse de la tensión, el egoísmo y la insensibilidad que obstaculizan su compasión por los demás. Si examináramos las vidas personales de los meditadores avanzados, descubriríamos que, en muchas ocasiones, están comprometidos con el servicio humanitario, eso sí, raras veces los encontraremos como cruzados o con actitudes proselitistas.
 
9: La meditación NO consiste en sentarse o pensar en cosas sublimes.
 
Este es de nuevo un error o idea equivocada de la práctica Vipassana o Mindfulness. Si bien es cierto que existen formas de meditación contemplativas, que apelan a este tipo de cosas, Vipassana está muy lejos de esto, ya que es una práctica de conciencia que nos permite advertir lo que ya está ahí. Es normal que puedan presentarse, durante la práctica, pensamientos elevados y sublimes, y aunque en modo alguno hay que evitarlos, tampoco hay que buscarlos; son meros efectos secundarios placenteros.
 
Vipassana es una práctica muy sencilla, consiste en experimentar directamente los acontecimientos de la vida, sin preferencias ni imágenes mentales añadidas. Vipassana consiste en advertir, sin distorsión alguna, el acontecimiento de la vida instante tras instante. Lo que surge, surge. Es así de sencillo.
 
10: Todos mis problemas NO desaparecerán con un par de semanas de meditación.
 
La meditación, lamentablemente, no es una panacea. Es posible que al poco tiempo de práctica se empiece a percibir algunos cambios, sin embargo no se advertirán sus profundos efectos hasta haber pasado un largo periodo de práctica meditativa. No hay nada que merezca la pena que se logre de la noche a la mañana.  La práctica de la meditación requiere una gran dosis de paciencia, de disciplina y un proceso de práctica. En cada sentada se logran resultados, sin embargo son muy sutiles y se dan en zonas profundas de la mente, y únicamente los apreciamos o los percibimos cuando llevamos un periodo largo de práctica.


"El libro del Mindfulness", Bhante Henepola Gunaratana. Edit. Kairos - 2012
"Mindfulness para la felicidad", Ruth A. Baer. Edit. Urano - 2014

viernes, 4 de septiembre de 2015

 Mindfulness - Meditación de Atención Consciente


La meditación es una actividad viva, una actividad básicamente fundamentada en la experiencia, que no puede ser enseñada como una cuestión estrictamente teórica.
No es una actividad fácil, requiere tiempo y energía, y también requiere dosis de valor, determinación y disciplina, cualidades que por considerar desagradables, tratamos en consecuencia de evitar.

La vida parece una lucha continua y, a veces, costosa contra alternativas muy diversas. ¿Y cuál es el remedio a toda esa insatisfacción? A menudo nos quedamos atrapados en el síndrome del “si pudiera…”. Si pudiera tener más dinero, sería feliz. Si pudiera encontrar a alguien que me quisiera de verdad, si pudiera perder 10 kilos, si pudiera tener un televisor más grande, o un jacuzzi, o el pelo rizado, etcétera, sería feliz.


Pero ¿de dónde viene todo esto? Y lo más importante todavía, ¿Qué podemos hacer al respecto? Todo tiene su origen en la condición de nuestra propia mente. Y esa condición es un conjunto profundo, sutil y penetrante de hábitos mentales.

La esencia de nuestra experiencia es la capacidad de cambio. Y el cambio es incesante. Instante tras instante, la vida discurre sin repetirse. Aflora un pensamiento en tu cabeza y, medio segundo después, desaparece y se ve reemplazado por otro que, al cabo de unos instantes, acaba también desvaneciéndose. Luego llega otro, y otro, y otro….. Aparece un sonido y seguidamente otro o el silencio, que da paso a otro sonido y así. Abrimos los ojos y vemos el mundo, seguidamente los cerramos y desaparece todo hasta que los volvemos a abrir y cerrar y abrir y cerrar.  Cambio, cambio y más cambio. El cambio es incesante y no existen momentos que sean iguales, ninguno.

Esta es la naturaleza del universo y no hay nada malo en ello. Pero la cultura humana nos ha enseñado a categorizar estas experiencias, a tratar de colocar cada percepción en uno de tres casilleros mentales diferentes, a los que denominamos “bueno”, “malo” o “neutro”. Luego dependiendo del casillero donde lo hayamos colocado reaccionamos de un determinado modo. Si la hemos etiquetado como “buena”, intentamos congelarla en el tiempo. Nos aferramos a ese pensamiento concreto, lo mimamos, lo acunamos y tratamos de que no se escape. Y, cuando eso no funciona, nos empeñamos en repetir la experiencia que provocó el pensamiento, un hábito mental conocido como “identificación”.

En el otro polo está la categoría mental “malo”, la cual tratamos de negar, de alejarnos de ella, de rechazarla y, en la medida de lo posible, de deshacernos de ella. De esta forma, luchamos contra nuestra propia experiencia y huimos de ciertos aspectos de nosotros mismos, un hábito mental que recibe el nombre de “rechazo”.

Entre uno y otro se encuentra la categoría de lo “neutro”, en la que colocamos aquellas experiencias que, por no ser buenas ni malas, se nos antojan tibias, aburridas o poco interesantes.

El resultado directo de esta locura es una carrera interminable hacia ninguna parte, una búsqueda incesante de placer, una huida permanente del dolor y una ignorancia que acaba desinteresándose del 90 % de nuestra experiencia. Y luego nos preguntamos por qué la vida nos parece tan chata, cuando lo que no funciona es, en última instancia, este sistema.

Existen momentos en los que nuestra búsqueda fracasa, por más que nos empeñemos de huir del dolor, este acaba por alcanzarnos, y terminamos atrapados en la prisión de nuestros deseos y de nuestras aversiones, o dicho de otra manera “sufrimos”.

El término “sufrimiento”, en algunas tradiciones asiáticas no se limita al dolor corporal, sino que incluye también la profunda y sutil sensación de insatisfacción que forma parte de cada momento mental. Si observamos con atención, por más grande que sea aquello que nos produce satisfacción, bajo la alegría se esconde una tensión sutil y omnipresente que nos recuerda que acabará por desaparecer.

¿Acaso no es cierto que cuando muramos perderemos todas nuestras propiedades? ¿No es acaso cierto que todo, en última instancia, es transitorio?. Parece desalentador, pero sólo es desalentador cuando lo contemplamos desde la perspectiva de la mente ordinaria. Por debajo de este nivel existe otro nivel, una forma completamente diferente de percibir el universo. Es ese nivel en el que la mente no se empeña en congelar el tiempo, no se queda enganchada a la experiencia mientras esta sucediendo, ni tampoco trata de bloquear o ignorar nada.

La paz y la felicidad son las cuestiones fundamentales de la existencia humana. A menudo resulta difícil verlo, porque ocultamos esos objetivos fundamentales bajo capas y más capas de objetivos superficiales, queremos tener asegurada la comida, queremos dinero, diversión, respeto, afecto.

Nadie puede obtener todo lo que quiere. Resulta imposible. Afortunadamente existe otra alternativa. Siempre podremos aprender a controlar la mente, y a romper las cadenas que nos atan al incesante círculo del deseo y el rechazo. Podemos seguir llevando una vida aparentemente normal, pero desde una perspectiva muy diferente, es decir libre de la compulsión obsesiva de nuestros deseos. Queremos algo, pero no es preciso que suponga perder el aliento corriendo. Podemos tener miedo, pero no tiene por qué suponer el ponernos a temblar como un flan.

Nadie puede cambiar radicalmente la pauta de su vida mientras no se vea tal cual es. A partir de ese momento, los cambios ocurrirán naturalmente. Y no es necesario forzar nada, luchar con nadie, ni obedecer las reglas, el cambio sucederá de forma automática, y para ello tenemos que ver quiénes somos y como somos sin engaño, prejuicio ni resistencia alguna. Hay implícito la observación de cuáles son nuestros deberes y obligaciones con los demás, y sobre todo cuál es nuestra responsabilidad como individuos que vivimos en sociedad. Puede parecer complicado, pero puede ocurrir en cualquier instante. El cultivo mental desarrollado por la meditación no tiene parangón a la hora de ayudarnos a alcanzar ese estado de comprensión y de serena felicidad.

Existe un texto muy antiguo, con más de mil años de antigüedad que dice: “Lo que ahora eres es el resultado de lo que fuiste. Y mañana serás el resultado de lo que hoy eres. Las consecuencias de una mente malvada te seguirán como el carro sigue al buey que tira de él. Las consecuencias de una mente pura te acompañarán como si de tu sombra se tratara. Nadie, ni tus padres ni tus parientes ni tus amigos, pueden hacer por ti más que tu mente pura. Una mente disciplinada proporciona felicidad”.

Nuestro objetivo con la meditación es el de purificar la mente, y limpiar el proceso del pensamiento de lo que podríamos denominar irritantes psíquicos. Ser compasivos con nosotros mismos, comprendernos. Cuanto mayor es la comprensión, mayor la flexibilidad, la tolerancia y la compasión, y cuando aprendemos a ser compasivos con nosotros mismos, automáticamente también lo seremos con los demás.

La meditación se parece al cultivo de una tierra virgen. Lo primero que tenemos que hacer, para convertir un bosque en un huerto, es cortar los árboles, luego labrar la tierra, fertilizar el suelo, sembrar  y recoger finalmente la cosecha. Con nuestra mente ocurre igual, debemos empezar arrancando los diferentes agentes irritantes que obstaculizan nuestro camino, para que no vuelvan a crecer. Después deberemos fertilizar adecuadamente nuestra mente, suministrándole la energía y la disciplina necesarias. Luego tendremos que sembrar las semillas y finalmente cosechar.


Todo esto, ¿no son razones suficientes para empezar a meditar?, realmente no son más que promesas escritas en un papel que yo transmito, y solo existe un modo de saber si la meditación merece realmente la pena, y es aprendiéndola y llevándola a la práctica, algo que tendremos que decidir únicamente nosotros y comprobarlo por nosotros mismos.

"El libro del Mindfulness", Bhante Henepola Gunaratana. Edit. Kairos - 2012
"Mindfulness para la felicidad", Ruth A. Baer. Edit. Urano - 2014